domingo, 30 de agosto de 2026

“El Show de Cuphead”: una hermosa serie animada que corrió, saltó… y se cayó de boca [Parte 2 de 3]

Fandom: Cuphead.
Nivel de conocimiento previo requerido: Bajo o nulo.
Tiempo estimado de lectura: 24 minutos.

[Haz clic aquí para leer la Parte 1] / [Parte 3 disponible a partir del 6 de septiembre]

SEGUNDA TANDA: EL SHOW DE… ¿MUGMAN?

Por norma general, una serie animada jamás alcanza su calidad máxima desde su inicio. Los escritores apenas están agarrándole el truco a la historia, los animadores apenas están agarrándole el truco al estilo de dibujo, y así sucesivamente con cada departamento involucrado en la producción.

Por eso, cuando juzgo una serie animada, mis criterios suelen ser más blandos durante su primera parte. Una vez llegamos al segmento intermedio, me pongo más estricta porque confío en que el crew tendrá mejor dominado su arte. La segunda tanda de El Show de Cuphead recibirá algo más escrutinio de mi parte, pero no teman, porque les aseguro que la serie sobrevivió a casi toda mi rúbrica.

Algo que no mencioné antes es que la primera tanda de El Show de Cuphead finaliza con los dos hermanitos en la cárcel. Para no alargarles el cuento, resulta que la Chalice de este universo es una delincuente juvenil, capaz de salirse con la suya en cualquier situación gracias a que es adorable. Cuphead y Mugman intentan unirse a ella para conseguir cosas gratis, pero como no poseen el “factor encantador” de Chalice, son aprisionados.

Cuphead y Mugman siendo arrojados a prisión en el final de la primera tanda.

Como yo me encontraba bajo la idea de que “esta es una caricatura episódica”, pensé que el final del episodio 12 era un simple final cómico. Nada distinto a los episodios de Bob Esponja que terminan con Calamardo, la Señora Puff u otros personajes yendo a la cárcel. Por lo tanto, creo que ustedes podrán imaginar mi sorpresa cuando el episodio 13 inició con los chamacos todavía en la cárcel.

Cuphead y Mugman todavía estando en la cárcel al comienzo de la segunda tanda.

¡Esta es exactamente la clase de subida de nivel que me gusta en mis series animadas: pasar de un formato episódico a uno semi-serializado! ¡Ahora sí estábamos por iniciar con lo interesante!

Incluso comenzamos a ver unos cuantos chistes recurrentes espolvoreados a lo largo de la tanda, como una pequeña forma de referenciar eventos pasados y recordarnos que, en efecto, ya no estamos utilizando un formato episódico. Véase, por ejemplo, el chiste de Mugman creyéndose un pirata, o el diablo repasando cada derrota que ha sufrido a lo largo del show.

En cuanto a episodios completos con relevancia a futuro, nuestra lista es cortita pero interesante.

Los primeros dos episodios de la tanda (o sea, el 13 y el 14 del conteo global) se enfocan en resolver los cabos sueltos dejados por Chalice: nuestras dos tazas escapan de la cárcel, y tras reencontrarse con la estafadora infantil, tienen una nueva aventura que culmina con ellos descubriendo que ella es un fantasma. Como ninguno de los tres tenía amigos hasta ahora, desde ahora la relación que tienen es casi como de familia.

Los hermanos taza reaccionando ante la revelación de que Chalice es una fantasma.

El próximo episodio con importancia es el octavo de la tanda (o sea, el episodio 20 de la serie completa). En ese episodio, el diablo y el Rey Dado de nuevo intentan pero fracasan en la recolección del alma de Cuphead. La diferencia es que descubrimos que las deudas de almas tienen fecha de caducidad, y como la deuda de Cuphead ha caducado, el diablo ya no tiene derecho a quitarle ni el polvo de los zapatos.

El diablo reaccionando a la regla que dice que "si no recolecta un alma deudora en 30 días, la deuda queda perdonada". Así es: parece que hasta el diablo se rige por mandatos burocráticos. Comedia, damas y caballeros.

La cuestión es que, como todo buen cristiano sabe, el diablo no sería el diablo si no pecara de soberbio. Incluso si la deuda de Cuphead ha sido expurgada, el hecho de haber pasado tanto tiempo sin tener éxito le ha pegado directo en el orgullo al cornudo. Da igual si ya no puede cobrar nada, porque a partir de este episodio, lo vemos ensañado con Cuphead a un nivel no laboral, sino personal.

El último episodio de la tanda con importancia para el futuro es el episodio 25, pero para que comprendamos mejor su valor, mejor retrocedamos un poco.

Si en la primera tanda dije que había episodios buenos y malos por igual, la segunda tanda corrigió ese detalle. Sólo existe UN EPISODIO MALO en este conjunto, y eso eleva bastante la cantidad de disfrute que sacas de él. Además, aunque los personajes secundarios del videojuego se mantienen igual de insignificantes que en la primera tanda, ahora es mucho más fácil ignorarlo debido a que el mundo a su alrededor se ha vuelto tan rico.

Y en medio de toda esta montaña de mejoras para El Show de Cuphead, resalta una cierta tacita de azul, que se roba un tercio de la tanda por su rol notoriamente protagónico y su superioridad narrativa. Seamos honestos, amigos: lo que hizo tan memorable a este conjunto de episodios fue el marcado desarrollo de Mugman.

En la primera tanda, Mugman era una simple contraparte para Cuphead: mientras el hermano de rojo es intrépido y suele iniciar los problemas, el hermano de azul es la inocente palomita que debe soportar y arreglar dichos problemas. Mugman tiene una pizca de identidad mediante su pánico escénico y sus ocasionales momentos de bravura, pero de todos modos no es la gran cosa.

Esta imagen es un buen resumen de la relación entre los hermanos taza: Mugman sufre las consecuencias de las travesuras, mientras Cuphead sólo se disculpa apenado e inicia una nueva travesura para resolver la anterior. Y mientras tanto, la taza de azul debe seguirle el juego a su hermano porque él es el protagonista principal del show.

Pero en la segunda tanda, Mugman está al frente y al centro de un tercio de los episodios, y ni uno solo de ellos falla. Gracias a esta tremenda subida de protagonismo, descubrimos que la taza azul puede ser igual de tremenda que su hermano. La diferencia es que mientras Cuphead es travieso porque nada le importa, Mugman es explosivo cuando tiene una sobrecarga de preocupaciones.

Ya sea porque Cuphead le quitó su oportunidad de ser famoso, porque un heladero le spoileó el final de un libro, o porque un pirata le pidió ayuda para conquistar a su amada, Mugman destaca en estos episodios por su inesperado atrevimiento, astucia y, a veces, locura. Si él ya era un personaje destacable en la primera tanda gracias a su actor de voz y sus congelamientos de pánico, en la segunda tanda se convirtió en el protagonista de incontables memes, compilaciones y fanarts. La taza de azul se robó el show.

Este fotograma de un episodio de la segunda tanda se volvió un meme viral en aquel entonces, y supongo que todos pueden entender el motivo. El Show de Cuphead está lleno de caras graciosas como esta, y en la segunda tanda, Mugman fue el más favorecido por ellas.

Y fue justo porque Mugman recibió tanta tridimensionalidad a lo largo de la tanda, que todos nos estábamos preguntando cuándo iba a ser el turno de Cuphead para volverse más que “un mocoso irreverente y travieso”. Ahí fue cuando el episodio 25 entró en acción.

El episodio 25 arranca mostrándonos las consecuencias de la racha de mala suerte que el diablo ha tenido con los hermanos taza. La mayoría de los encuentros de los protagonistas y el antagonista se han dado en espacios públicos, por lo que ahora nadie en las Islas Tintero le teme al diablo. Para sacar a su jefazo de la depresión, Secuaz le sugiere volver a su rutina pre-Cuphead y salir a cometer diabluras para otras personas que no sean la taza roja.

El consejo funciona, pero el diablo queda tan entusiasmado con su regreso al estrellato que olvida su tridente en la superficie. Minutos después, Cuphead y Mugman pasan por donde el diablo dejó su preciada arma, y desde luego, ambos hacen la cosa más prudente que son capaces de hacer: llevarse el tridente y hacer travesuras con su poder.

Cuphead y Mugman jugando con el tridente del diablo, y dejando sólo cenizas por donde quiera que pasan.

Al final del episodio, el diablo por fin encuentra a las tazas y les pide amablemente que le devuelvan su parafernalia. Pero Cuphead, en su infinita irreverencia, no sólo no regresa el tridente, sino que lo utiliza para gastarle unas cuantas bromas al diablo que culminan en su electrocución.

Si este fuera el diablo de episodios anteriores, emocionalmente vulnerable por la deuda que no pudo cobrar, la situación terminaría en otra derrota cómica en su historial. Pero como esto ocurre justo en el episodio enfocado en devolverle la autoestima, el episodio culmina con una espeluznante declaración de su parte: “Has tomado algo de gran valor para mí, así que yo he de tomar algo de gran valor para ti”.

Como Cuphead sigue en su mentalidad de ‘intocable al que nada le importa’, simplemente se encoje de hombros y responde que “No hay nada que me puedas quitar que me preocupe”. Un instante después, la taza de rojo se queda sola en la escena: el diablo no está, Secuaz no está… y Mugman tampoco está. Con una risa malvada, el diablo se lleva a la taza de azul al averno, terminando el episodio con un cliffhanger en el que nuestro personaje principal se ha quedado sin la única cosa en el universo que sí le importa.

El diablo llevándose a Mugman, en retribución porque Cuphead no quiso devolverle su tridente. Si tienen la oportunidad, vean esta escena en el doblaje original en inglés, porque el actor de voz del diablo se lució más de lo habitual aquí.

Sin palabras. Mi calificación para la segunda tanda de El Show de Cuphead, la cual abarca los episodios 13–25, es un solidísimo 9.5/10. De no ser por un único episodio malo (del cual hablaremos más a fondo en la tercera parte de esta trilogía de publicaciones), esta sería la definición de “perfección” para una serie de este género. Los personajes han sido mejorados en su mayoría, la escritura ha sido pulida en casi todo aspecto, y la semi-serialización ha sido ejecutada sin error alguno.

TERCERA TANDA: EL SHOW DE… ¡¿EL DIABLO Y CHALICE?!

Después del tremendo cliffhanger de la tanda anterior, el fandom de Cuphead estaba eufórico. ¿Qué nos iba a esperar en esta nueva tanda? ¿Cuphead por fin tendría su desarrollo de personaje? ¿Habría una pelea contra el diablo? ¿Mugman perdería su alma durante su aprisionamiento en el infierno? ¿Don Tetera se enteraría de que sus chamacos han estado teniendo aventuras endiabladas durante 25 episodios? ¿La serie por fin se alinearía al menos un poco con el videojuego?

Llegó el episodio 26 y… digamos que hubo algunos problemillas.

El episodio arranca con Cuphead lloriqueándole a Don Tetera por un minuto, pero sin decirle la razón de su lloriqueo. Una vez que se le han terminado las lágrimas, la taza de rojo va a buscar el modo de ir al infierno para rescatar a su hermano. Hablando de él, Mugman tiene una estadía sorprendentemente agradable en el tártaro, porque no debemos olvidar que esta es una comedia con ligeros tintes macabros.

Mugman en el infierno, feliz de conocer sus nuevos alrededores a pesar de que no sean agradables. Comedia, damas y caballeros.

Una vez que Cuphead llega al infierno, él y Mugman tienen una persecución mientras intentan escapar del diablo. Dicha persecución es lo más entretenido del episodio, pues representa lo más cercano que tendremos a una referencia genuina al videojuego.

Aquí las tazas no pueden disparar energía con sus dedos, pero como Cuphead todavía tiene el tridente, puede distraer y retener al diablo en un par de ocasiones. Por su parte, aunque el diablo no puede utilizar la mitad de su arsenal, sí puede cambiar de forma a voluntad para darle caza a los hermanitos. ¡Algunas de sus transformaciones incluso son iguales al videojuego!

Eventualmente, Cuphead y el diablo llegan a la conclusión de que están destinados a empatar una y otra vez si se mantienen en su conflicto de “tridente vs transformaciones”, así que eligen terminar las cosas como un par de seres civilizados. Mugman es canjeado por el tridente, las tazas salen del infierno intactos, y todo vuelve a la normalidad. Fin.

Cuphead y el diablo acordando intercambiar el tridente por Mugman, lo que nos dejaría en el mismo lugar en el que iniciamos al comienzo del show.

Citando al eminente doctor Heinz Doofenshmirtz, ‘¿Y… Y ya? ¿Esa es la historia desgarradora? ¿Esa es la gran tragedia?’

Digo, las referencias al videojuego estuvieron bonitas, ¿pero en serio vamos a volver al estatus quo así nada más? ¿Dónde quedó el desarrollo pendiente para Cuphead, y el desarrollo anterior para Mugman? ¿De verdad creen que me voy a contentar con un inicio de tanda tan decepcionante sólo porque “hubo referencias al videojuego”?

Así como lo oyen: la tercera tanda de El Show de Cuphead es un regreso al formato episódico de la primera tanda. Hay una que otra referencia a eventos pasados, pero jamás volvemos a retomar la continuidad establecida en la segunda tanda. Si acaso, el diablo se mantiene neutral con las tazas ahora que ha superado su obsesión, el Rey Dado es despedido (y luego re-contratado) por falta de éxitos en su propia recolección de almas, y Chalice sigue siendo buena amiga de los protagonistas.

Unos cuantos episodios de la tercera tanda de El Show de Cuphead consisten simplemente en Chalice uniéndose a las tazas durante sus travesuras.

Cuando vi la tercera tanda por primera vez, en aquel otoño de 2022, el descubrimiento de que era un regreso a la fórmula de la tanda #1 me hizo suponer que las podría posicionar a ambas en el mismo sitio, con un 8/10.

Pero ahora que me puse a rever todos los episodios para escribir esta crítica, algo me saltó a la vista, impidiéndome quedarme contenta con ese generoso 8/10.

Haciendo cuentas, si juntamos las primeras dos tandas, el diablo sólo aparece en 6 de los 25 episodios, o sea, en poco menos del 25% de la serie. Las aventuras por las que Cuphead y Mugman pasan son tan diversas que no hay tiempo para dedicarle toda la trama a su antagonista. Eso sí: cuando el diablo aparece, nunca falla en hacer memorable al episodio.

En contraste, la tercera tanda tiene 7 episodios en los que el diablo aparece (o sea, el 63% de la tanda), y como para este punto de la serie ya no existe la deuda de Cuphead, uno tiene que preguntarse “¿Qué rayos hace este sujeto todavía aquí?” Y la respuesta a esta pregunta es… existir, supongo. 🤷

No me malinterpreten. Me mantengo firme en mi postura de que un episodio con el diablo siempre es un buen episodio de El Show de Cuphead. Pero a un nivel metanarrativo, la presencia de un antagonista que ya no antagoniza es cuanto menos cuestionable.

Después del rescate de Mugman, se podría decir que el diablo vuelve a su programación habitual. Su trabajo como recolector de almas vuelve a como era antes del episodio 1, y aunque a veces se topa con Cuphead (una mera consecuencia de que ambos vivan en las Islas Tintero), ninguno de los dos es tan mordaz como lo fueron en tandas pasadas.

En la tercera tanda de El Show de Cuphead, la taza roja y el diablo tienen una relación tan casual que incluso hay una ocasión en la que se vuelven aliados para molestar a Mugman.

Se podría decir que el diablo se vuelve un habitante más de las Islas Tintero, en lugar de actuar como lo que realmente es: el rey de los demonios. En un episodio lo vemos intentando protagonizar una obra de teatro, en otro lo vemos queriendo manipular a Santa Claus para que le dé un regalo de Navidad, y en otro lo vemos recontratando al Rey Dado porque la vida en el infierno le parece aburrida sin sus canciones.

Una vez que capté que el diablo se estaba convirtiendo en el nuevo protagonista de El Show de Cuphead, sentí que estábamos viviendo una repetición de lo ocurrido con Mugman en la segunda tanda. Mientras la taza de rojo permanecía ahí en su pequeño nicho de “hacer travesuras”, el mundo a su alrededor estaba tomando tanto cuerpo que hasta el antagonista se volvió más protagónico que él.

Y con esto dicho, podemos proceder al otro personaje que se roba los reflectores de esta tanda a un grado insultante: la señorita Chalice.

Similar al diablo, Chalice pasa de ser un personaje ocasional a uno central en este último montón de episodios, y aunque la transición de roles es más sutil con ella que con el diablo, también es la más pesada por el modo en que concluye.

Así está la cosa: en el episodio 32, la escena final nos revela que el diablo conoce a Chalice. Después, la escena final del episodio 34 muestra a Chalice siendo convocada por el diablo para algo. Destaca de ese último episodio el hecho de que, igual que con el final de la segunda tanda, concluimos en un cliffhanger. Traducción: ahora este show le está concediendo finales especiales a Chalice, mientras Cuphead sigue en donde mismo.

Chalice siendo buscada por Secuaz, pues el diablo tiene un favor que pedirle.

Luego, el episodio 35 narra cómo se conocieron Chalice y el diablo. Resulta que Chalice era una huérfana que vivía en la calle, y su medio de supervivencia primario era estafar y robar aprovechando su encanto natural. Un día, Chalice fue atropellada en medio de una de sus rutinas de baile y murió.

Al llegar el infierno, el diablo se sintió impresionado por la lista de pecados que la niña había acumulado a su corta edad. Presintiendo que un alma como la suya podría serle útil en uno que otro trabajito en la superficie, el diablo le ofreció un trato: él le daría el poder de cambiar a voluntad entre una forma física y una fantasmal, pero a cambio, ella le debería un favor. Chalice aceptó el trato, y desde entonces ha vivido su “vida” como la conocemos.

Una Chalice recién fallecida encontrándose por primera vez con el diablo.

Una vez terminado el flashback, ahora sí el episodio 35 prosigue en donde nos quedamos en el episodio 34. El diablo quiere cobrarle su favor a Chalice, y desde luego, lo que le pide es que traicione a las tazas. De nuevo, el episodio termina en un cliffhanger, por lo que el final de esta historia llega en el episodio 36.

Recuerden: este es el segundo cliffhanger que Chalice se lleva a la bolsa, por lo que ya ha superado a Cuphead en ese rubro.

El episodio 36 inicia con Chalice haciendo todo lo que puede para distraer al diablo hasta que olvide el favor que le ha pedido, pero es en vano. Si acaso, la niña descubre la debilidad que el diablo tiene por los números musicales y la atención de las masas.

Chalice intenta ejecutar el plan que el diablo le instruyó, pero cancela a último minuto porque no quiere ser el motivo de la perdición de sus dos únicos amigos. Después, utilizando su habilidad para armar engaños, la niña hace una apuesta con el diablo: ambos tendrán un duelo de baile. Si ella gana, podrá seguir existiendo como una híbrida física/fantasma sin deberle nada al diablo.

Todos los personajes de la serie (excepto Don Tetera, por conveniencia del guion) son invocados por el diablo como espectadores de la competencia de baile. El competidor que reciba más aplausos será el ganador. Chalice gana por paliza… de no ser porque se tropieza con unas canicas que Cuphead le regaló al inicio del episodio y… ¿se dan cuenta de que esta es la primera vez que menciono a Cuphead en lo que va de este resumen al episodio 36?

Cuphead disculpándose con Chalice porque sus canicas fueron lo que estropeó su victoria en la competencia de baile contra el diablo. Tomes esto como la única ocasión de la serie entera en la que Cuphead toma responsabilidad genuina por sus actos.

Si quieren, vuelvan a leer los tres últimos párrafos para que lo comprueben. He mencionado a ambas tazas en conjunto al decir que Chalice “no quiere ser el motivo de la perdición de sus dos únicos amigos”, pero eso es todo. Repito: para ser una caricatura titulada “El Show de Cuphead, vaya que Cuphead está bastante ausente.

Y supongo que los escritores también se dieron cuenta, porque cuando Chalice pierde la apuesta, nuestra taza de rojo entra en escena para hacer una nueva apuesta con el diablo. Es una apuesta estúpida, pero supongo que peor es nada: Cuphead y el diablo tendrán una ronda de piedra, papel y tijeras. Si Cuphead gana, Chalice obtiene su libertad. Si el diablo gana, podrá adueñarse de las almas de las dos tazas y el cáliz.

Obviamente, el guion determina que Cuphead debe ganar (incluso cuando el diablo pide tres revanchas), y así, todos viven felices por siempre. La tercera tanda finaliza, y con ello también finaliza la enteridad de El Show de Cuphead.

Damas y caballeros: les presento el final del "climático" (nótense las comillas) enfrentamiento final de Cuphead y el diablo. Admiren la mediocridad.

Ojo: técnicamente he omitido la verdadera escena final de la serie, pero llegaré a ella cuando comience mi siguiente sección de la crítica. Aquellos que hayan visto la escena antes de leer mi crítica de seguro ya saben por qué la estoy guardando para después, pero quiero hacer algo de drama para aquellos que no la hayan visto.

A ver, ¿por dónde comienzo?... ¡¿Qué rayos pasó aquí, Netflix?! ¡¿Por qué El Show de Cuphead se convirtió en “El Show de Todos Menos Cuphead”?! ¿A quién se le ocurrió que el gran final de la serie debía enfocarse en el diablo y la señorita Chalice?

De los once episodios que abarcan esta tanda, sólo TRES están protagonizados por Cuphead. Esto no me molestaría si los otros ocho episodios estuviesen bien repartidos entre el resto de los personajes principales, pero con el diablo devorando la primera mitad de la tanda y Chalice acaparando la segunda mitad (INCLUYENDO EL GRAN FINAL), pronto te das cuenta de que la taza de rojo a duras penas es el punto central de ¼ de su propia serie.

Fui capaz de perdonar el asunto de Mugman robándose la segunda tanda porque Cuphead tenía tantos episodios como su hermano. Pero aquí en la tercera tanda, tanto el diablo como Chalice tuvieron más episodios que la taza de rojo. Eso no es compartir protagonismo. Eso es transferir protagonismo, y aunque comprendo los motivos (pronto llegaremos a eso), mi comprensión no es sinónimo de perdón.

Y ya ni hablemos de la notoria baja de presupuesto que esta tanda recibió en cuanto a animación. Aunque esto se aprecia con notoriedad en los bailes del Rey Dado, de seguro también notarás el uso de interpolaciones y animaciones recicladas en algunas escenas si tienes un ojo entrenado. Incluso hay tramas de episodios enteros siendo reutilizadas, sólo con un cambio de contexto.

Si tuviera una moneda por cada vez que este bailecito del Rey Dado fue reutilizado en El Show de Cuphead, tendría cuatro monedas. No es mucho, pero es triste que haya pasado cuatro veces, ¿no?

Con el dolor de mi corazón, la calificación que le doy a la tercera tanda de El Show de Cuphead, abarcando los episodios 26–36, es un mediocre 6.5/10. A nivel superficial, no hay un solo episodio que no sea divertido; pero una vez que notas los errores estructurales, la ilusión se cae a pedazos.

CONTINUARÁ… [Parte 3 disponible a partir del 6 de septiembre]

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