domingo, 10 de mayo de 2026

Top 10 personajes de los Looney Tunes con potencial desperdiciado [Parte 1 de 3]

Fandom: Looney Tunes.
Nivel de conocimiento previo requerido: Bajo o medio.
Tiempo estimado de lectura: 17 minutos.

[Parte 2 disponible a partir del 17 de mayo] 

Hace algo de tiempo, en septiembre de 2024, aquí en Título en Proceso una pequeña publicación casual vio la luz del día. Era una lista de diez personajes de los Looney Tunes nacidos en la era clásica quienes, por un motivo u otro, no eran de mi agrado. Varios meses después, aquella publicación dejó de ser casual, recibiendo una secuela donde hablé de diez personajes infravalorados de los Looney Tunes.

Ahora, para completar esta trilogía ya-no-tan-casual, vamos a enlistar a diez personajes de la era clásica de los Looney Tunes quienes, en mi opinión, podrían haber sido estrellas si se les hubiera manejado de mejor modo.

Sin embargo, vamos a darle un pequeño giro a la lista mediante dos cambios a la fórmula. Número 1: en esta ocasión la lista sí será un top, con los personajes ordenados según qué tanto potencial yo les vea. Número 2: para cerrar cada puesto, ofreceré una pequeña reescritura para exponer mi visión de estos personajes si los quisiéramos volver insignias de la franquicia.

Fuera de esos dos cambios, las reglas seguirán siendo las mismas: no se incluirán personajes que ya sean vistos como estrellas, ni personajes explícitamente diseñados para ser detestados o fracasados. Sin embargo, esta vez sí será válido incluir a personajes que sólo aparecieron una sola vez, pues considerando que esta es una lista de personajes desaprovechados, el hecho de “sólo ser visto en una ocasión” cuenta como estar desaprovechado.

Y desde luego, es necesario recalcar que este top 10 está basado en MI OPINIÓN PERSONAL Y SUBJETIVA, por lo que está bien si alguno de ustedes no concuerda con algunas de mis decisiones. Sin más que añadir, comencemos.

PUESTO 10: Wilber (1931) / Beans el Gato (1935)

¿Soy la única que piensa que Wilber y Beans son el mismo personaje? En serio, ¿soy la única? Díganme que no estoy perdiendo la cabeza al creer que Wilber y Beans son el mismo personaje.

A ver, repasémoslo un poco. Ambos son gatos negros antropomórficos. Ambos están en edad escolar. Ambos son chamacos malcriados. Ambos hacen bromas algo pesadas para llamar la atención. Ambos tienen casi el mismo tono de voz. Lo único que los diferencia es el estilo de dibujo y la ropa que llevan puesta. De ahí en fuera, son igualitos, y por eso yo siempre he creído que ambos son el mismo personaje, sólo que reciclado con un par de años de diferencia.

Pero vayamos por partes, para no confundir a quienes no saben mucho del tema.

Wilber era un personaje recurrente de la época inicial de los Looney Tunes, cuando Bosko era la insignia de la franquicia. Wilber era un niño que Honey (la novia de Bosko) tenía que cuidar, aunque no sabemos si estaban emparentados o si ella era sólo su niñera. Debido a su carácter tan travieso, Wilber solía meterse en problemas y/o meter en problemas a Bosko y a Honey.

Aquí tenemos a Wilber en el cortometraje de 1932 "Bosko's Store". No dejen que su estatura los engañe, porque este gatito es tremendo.

Luego tenemos a Beans el Gato: el tercer personaje insignia de la franquicia, después del retiro de Bosko por derechos de autor y del fracaso de Buddy por ser tan aburrido como una patata. En la versión inicial del personaje (antes de que Jack King le pusiera las manos encima y lo estropeara), Beans era un gatito maleducado que no podía controlarse si las cosas no salían a su modo. Como dije antes, su personalidad es virtualmente un calco de Wilber, así que dejemos la explicación ahí.

Como Beans estuvo colocado durante unos años como la insignia de la franquicia, los cortometrajes de aquel entonces solían cerrar con él diciendo la icónica frase de "¡Eso es todo, amigos!".

Bajo nuestros estándares modernos, Wilber y Beans serían considerados como “personajes terciarios” a lo mucho, debido a lo simple de sus personalidades y lo poco que realmente aportaban a las historias en las que aparecían. Siendo así, el modo en que yo les daría un poco más de personalidad e influencia (además de volverlos un mismo personaje) sería el siguiente:

Wilber (apodado ‘Beans’ debido a su estatura bajita) es un preadolescente amante de las bromas. Él detesta el concepto de que algún día tendrá que crecer y comportarse como una persona decente, disfruta de armar toda clase de jugarretas mientras todavía se lo permitan la edad y las responsabilidades diarias.

Wilber considera ‘aburrido’ al mundo ordinario, así que para ‘darle sabor a la vida’ e ‘iluminarles el día a los demás’, se la pasa gastándole pequeñas picardías a gente aleatoria de la ciudad. Pero ojo: Wilber no es malicioso ni busca causarle un daño serio a nadie. Él sólo quiere divertirse y darle algo de diversión a una realidad que él considera “monótona”.

Ya sea bloqueando alguna cañería o colgando letreros falsos en los negocios locales; ya sea robando una caja de chicles o ‘accidentalmente’ quebrando una maceta de barro; ya sea gastándole bromas a sus profesores o cambiando las etiquetas de la sal y el azúcar… Wilber siempre encuentra el modo de causar problemas a su alrededor, todo en el nombre de lo que él considera ‘diversión sana’.

PUESTO 9: Sniffles (1939)

Chuck Jones amaba a los animalitos adorables, y eso nadie lo cuestiona. Le encantaban las criaturas pequeñas, tales como gatitos, insectos y ratones, y le encantaba volverlos protagonistas para sus tiernas historias. Qué lástima que los Looney Tunes no solían llevarse muy bien con el concepto de la ternura.

Sniffles con su diseño original de 1939.

Sniffles nació y murió como un pez fuera del agua. Mientras él protagonizaba un lindo cortometraje queriendo permanecer despierto para ver a Santa Claus, sus contemporáneos andaban golpeando dinosaurios a macanazos, planeando el asesinato de una mascota irritante, haciendo un strip-tease apto para toda la familia, o peleando por un trozo de tabaco, por dar algunos ejemplos.

Jones trató de revitalizar a Sniffles en 1943, después de haber aprendido unos cuantos truquillos de comedia, pero no pudo salvarlo y lo mandó al cementerio de los personajes olvidados en 1946. Lo que sucede es que, para “arreglar” a Sniffles, Jones le quitó lo adorable, haciéndolo un personaje cómico más estandarizado según el estilo de los Looney Tunes habituales. Aunque esto sí mejoró los cortometrajes de Sniffles, también le quitó esa cualidad que lo volvía especial.

Es como si a Bugs Bunny le quitaras su astucia infalible y lo volvieras un actor de circo. Tal vez la comedia sí sería más intensa, pero también deberíamos lidiar con el hecho de que la esencia del personaje fue manchada. Sniffles no funcionaba cuando era demasiado adorable porque no se sentía como un Looney Tune, y tampoco funcionaba cuando se le convirtió en un típico Looney Tune porque entonces ya no se sentía como Sniffles.

Conforme pasaron los años, Jones fue ajustando su estilo de dibujo para que se acomodara mejor con el estilo del resto de los directores de la franquicia. Aquí tenemos a Sniffles en 1943, portando su apariencia definitiva.

¿Qué haría yo para unir estos dos conceptos? ¡Fácil! Volvería a Sniffles tan exageradamente adorable que nadie podría permanecer cuerdo a su lado por más de diez minutos. Llevaría su lindura a un nivel tan imposible, que las situaciones en las que se metería se volverían cómicas por pura inverosimilitud. Esta sería mi propuesta escrita para un nuevo Sniffles:

Sniffles es, como cualquier otro ratón hogareño, una plaga. Sin embargo, a él no le agrada que todos los de su especie sean evadidos como diablos, así que se ha propuesto ser tan amigable como sea posible para mostrarle a la sociedad que los ratones no son plagas. Cada vez que Sniffles se muda a una nueva casa, se asegura de presentarse amablemente con el dueño y ser un buen inquilino. Desde luego, el dueño no desea compartir su techo y comida con una peste, así que hace todo lo posible para atrapar o matar a Sniffles.

No obstante, esto suele salir mal, pues el ratoncito es tan adorable y amable que parece inmune a cualquier tipo de oposición. Los gatos se vuelven sus amigos, las trampas las devuelve a la tienda en perfecto estado, etcétera. Es como si el universo se negara a dañarlo. Eventualmente, el dueño de la casa se sale de quicio y huye para siempre.

Por supuesto, esto entristece a Sniffles porque, sin alguien que rellene las alacenas, sabe que también tendrá que irse pronto. Pero eso no importa. Sniffles confía en que algún día encontrará a alguien que desee compartir su hogar con un ratoncito tan bueno como él… por mucho que nosotros sepamos que eso nunca pasará.”

PUESTO 8: Bunny y Claude (1968)

Lo crean o no, la mitad de los puestos en este top están ocupados por personajes de la Era Warner-Seven, también conocida como “la Era Oscura de los Looney Tunes”. Este fue un periodo donde Warner Bros. Cartoons estaba luchando por crear personajes frescos que recapturaran la atención del público, en una época donde la televisión se estandarizaba y los cortometrajes para cine se dirigían a la obsolescencia.

Teniendo un presupuesto muy bajo, el cast resultante jamás pudo brillar como Warner-Seven deseaba, siendo Bunny y Claude los primeros integrantes de este top nacidos en ese entorno tan desalentador.

A la izquierda, Bunny acostada en un montón de zanahorias. A la derecha, Claude recargado en la puerta del vagón de tren en el que están viajando.

Bunny y Claude son una parodia a dos criminales de la vida real: Bonnie y Clyde, quienes fueron una pareja de malhechores de la década de 1930. Estos tortolitos se volvieron conocidos por el ritmo tan acelerado en el que cometían sus actos trasgresores. Clyde se unió al bajo mundo para vengarse del defectuoso sistema judicial en su natal Texas; y Bonnie lo acompañó por su agrado a lo prohibido y su deseo de volverse famosa.

Esta es una fotografía real de Bonnie y Clyde. Esta sería una imagen mucho más adorable si no supiera la cantidad de gente que murió por culpa de esos dos vándalos.

Sus contrapartes de caricatura son bastante más simples, siendo Bunny y Claude una pareja de conejos dedicados a robar zanahorias (en lugar de dinero y armas como los ladrones de la vida real)… y ya. En serio: eso es todo respecto a Bunny y Claude. Ambos se aman, ambos se la pasan robando zanahorias, y eso es todo. Tal vez podría mencionar al sheriff que suele darles caza, pero él es un mero pie de página.

En esta imagen podemos ver al sheriff junto a Bunny y Claude. Como siempre en este festival de clichés, el fulano no conectaba dos neuronas para notar a quiénes tenía enfrente, hasta que era demasiado tarde.

Para arreglar a Bunny y Claude, el camino a seguir es obvio: tomar más referencias de cómo eran Bonnie y Clyde en la vida real. Si sabemos tanto de las vidas privadas de Bonnie y Clyde, ¿por qué no usar esa información para darles más volumen a Bunny y Claude? Mi propuesta es la siguiente:

Bunny y Claude son un par de conejos campiranos intentando armarse una vida en la gran ciudad… mediante el contrabando de zanahorias. Claude es el líder, actuando como el músculo del equipo, mientras Bunny actúa como la ayudante y el cerebro. Ambos se complementan tan bien que, si no fueran criminales buscados, ya hubieran ido desde hace mucho tiempo al Registro Civil para oficializar su amor mediante el matrimonio.

Claude se volvió ladrón como un modo de retar la tradición familiar de estudiar leyes o hacerse policía, pues siente que esos trabajos son aburridos. Bunny se volvió ladrona porque adora ser famosa, y siempre quiso vivir en carne propia momentos tan intensos como los de sus novelas de ladrones favoritas. Claude es más directo y agresivo, volviéndolo perfecto para el tipo de comedia más slapstick; mientras que Bunny es una actriz natural, siendo la más apta para un humor más verbal y manipulativo (más o menos como Bugs Bunny).

Las aventuras de Bunny y Claude suelen girar en torno a ambos teniendo ‘divertidas citas exóticas’… o dicho de otro modo, cometiendo crímenes con todo el encanto del mundo. Para ellos, el robar zanahorias y escapar airosos es el modo de expresar su amor, así que no dejarán que ningún policía, detective, sheriff o justiciero les arruine la fiesta. Mediante la típica comedia verbal y slapstick de los Looney Tunes, esta dupla criminal siempre logra escapar con un generoso botín rico en betacaroteno.”

CONTINUARÁ… [Parte 2 disponible a partir del 17 de mayo]

domingo, 19 de abril de 2026

PUBLICACIÓN RÁPIDA: El crossover de Gargoyles y Darkwing Duck fue mediocre, y necesito desahogarme por unos minutos

Fandom: Darkwing Duck.

Si tuviera una moneda por cada cómic crossover en que Darkwing Duck ha experimentado con otra franquicia del bloque Disney Afternoon y que ha terminado en decepción, tendría dos monedas. No es mucho, pero es triste que pasara dos veces, ¿no?

Hace 15 años, cuando Boom! Studios tenía los derechos para hacer cómics de Darkwing Duck, el gran final de su obra fue un crossover con Patoaventuras ’87. Dicho crossover fue, en palabras suaves, un desastre. Las maromas mentales que se requirieron para juntar ambos mundos en una historia semi-coherente no dieron frutos, y hoy en día, aquel crossover es recordado como una de las peores obras gráficas que la franquicia ha tenido.

Llegamos a 2026, y parece que Dynamite Entertainment ha intentado robarle el anti-mérito a Boom! Studios.

La portada del primer capítulo del crossover, dibujada por Tad Stones. 
Sin lugar a dudas, las mejores portadas para estos cuatro cómics fueron las dibujadas por Stones y Cangialosi. ¡La portada de Cangialosi para el capítulo 4 es especialmente digna de ser convertida en un póster!

En resumidas cuentas, la trama de este nuevo crossover ha sido la siguiente: la gárgola hechicera “Démona” secuestra a Morgana porque quiere información acerca del Quack-Ronomicón (un libro de hechizos). Darkwing se entera de lo ocurrido gracias a que las mascotas de Morgana escapan del secuestro, y acto seguido despega a Manhattan (el hogar de las gárgolas) para buscarla.

La aparición de un pato antropomórfico en una ciudad humana levanta las alertas de los protagonistas de Gargoyles: la gárgola “Goliath” y la detective “Elisa Maza”. Una vez que todos se presentan, Darkwing, Goliath y Elisa se ponen a buscar a Démona. La búsqueda va creciendo conforme más personajes de ambas franquicias se involucran, pero cuando los héroes encuentran a la villana, ella ya tiene el libro de hechizos en sus manos.

Con el Quack-Ronomicón, Démona libera a Paddywhack y le ordena destruir a la humanidad. No obstante, antes de que Paddywhack pueda siquiera tocar a un humano, los héroes logran aprisionarlo una vez más. Démona consigue escapar con una página del Quack-Ronomicón para ejecutar algún plan futuro, pero al menos el día ha sido salvado. Fin.

El crossover se conforma de cuatro capítulos, así que los repasaré en orden.

El capítulo 1 es el mejor del cuarteto. La introducción a los mundos de DWD y Gargoyles está muy bien lograda: si no conoces alguna de las dos mitades involucradas, este capítulo te dirá lo esencial para entender lo que verás en el resto del crossover. La trama no se complica con detalles innecesarios, sino que se limita a mostrarte quiénes son los protagonistas y antagonistas.

Darkwing conociendo a los protagonistas de Gargoyles en el capítulo 1 del crossover.
Como esta es una publicación rápida, no le dediqué tiempo a traducir manualmente las páginas que estarán viendo. Una disculpa para aquellos lectores míos que no sepan inglés.

También, el capítulo 1 no sólo te presenta el dilema central de “hay que rescatar a Morgana”, pues además añade el dilema secundario de que Darkwing (un héroe paródico) no está muy preparado para sobrevivir al estilo criminal de Gargoyles (un sitio cuasi-realista). Nuestro pato enmascarado puede lidiar con tres ladrones de bancos en San Canario con bastante facilidad, pero cuando intenta repetir la hazaña en Manhattan, termina humillado por los ladrones humanos.

El capítulo 2 es cuando la historia pierde su lustre. Tal parece que juntar dos series tan diferentes no es suficiente para colmar un crossover, porque este capítulo es puro relleno donde casi nada importante ocurre.

Lo único que sucede es que Démona se cambia de atuendo y le dice a Morgana que la secuestró porque quiere que le entregue el Quack-Ronomicón, que Darkwing pierde 12 horas cuidando a Goliath durante el día (las gárgolas se hacen piedra sólida durante el día, y sólo están activas de noche), que Darkwing se pelea con Goliath debido a un hechizo de celos lanzado por Démona, y que los otros protagonistas de Gargoyles llegan a la escena del crimen.

El resto del equipo Gargoyles entrando en escena para ayudar a DWD, Goliath y Elisa a detener a Démona en el capítulo 2. Spoiler: de entre las seis gárgolas heroicas que tenemos en esta viñeta, sólo dos hacen algo de valor en todo el crossover.

De entre todas esas cosas, una mitad existe para dar fanservice innecesario o explicar lore de manera inorgánica. La otra mitad existe para perder tiempo, pues si somos honestos, el trío de DWD, Goliath y Elisa debería ser perfectamente capaz de detener a Démona en un par de horas. Entre el fanservice, el lore y las pérdidas de tiempo, la trama destruye la mayoría de la coherencia y consistencia narrativa que el capítulo 1 formuló.

El capítulo 3 es más de lo mismo: relleno carente de lógica o sustancia. Mientras Darkwing y la banda de Gargoyles desperdician su tiempo en Manhattan repasando la situación actual, Démona llega al escondite del Quack-Ronomicón y utiliza a Gosalyn de escudo viviente para evadir sus peligros. Eventualmente, la gárgola hechicera da con el libro correcto y lo utiliza para desatar a Paddywhack. Al mismo tiempo, McQuack aparece en Manhattan para recoger a los héroes y llevarlos a San Canario, que es donde Démona está ejecutando su plan malvado.

Tras escapar de Démona, Gosalyn se reune con los demás héroes para actualizarlos respecto a la situación. Eso es todo lo que los protagonistas hacen en el capítulo 3: hablar, hablar y hablar, pero nada de actuar, actuar, actuar. Cuando menos aquí inicia la escena en que los héroes organizan el modo en que procederán.

De este modo, los héroes se dividen en tres grupos. Morgana (custodiada por Elisa y tres gárgolas) hechizará los espejos que Démona ha estado usando para teletransportarse de un sitio a otro, con el objetivo cerrarle poco a poco las rutas de escape. McQuack, Gosalyn y otras dos gárgolas regresarán volando a San Canario para acorralar a Démona desde el exterior. Y por último, Darkwing y Goliath utilizarán la misma ruta de espejos mágicos de Démona, para en conjunto interceptarla desde todos los ángulos posibles.

El plan es bueno, pero reitero: se necesitó un capítulo entero de relleno para llegar a él; podríamos cortar a la mitad las páginas, y no perderíamos nada de valor. Eso sin mencionar que, una vez más, los personajes secundarios de ambas franquicias no hacen NADA excepto rellenar encuadre. ¡El plan final de “rodear a Démona” no sería necesario si todos hubieran entrado en acción desde el capítulo 2!

Y así llegamos al capítulo 4, que es sorpresivamente bueno. No tan bueno como el capítulo 1, pero aun así es mejor que los capítulos 2 y 3. La mayor parte de la trama se enfoca en la pelea final de Darkwing y Goliath contra Paddywhack, Démona y el Quack-Ronomicón. Gracias a una pócima de buena suerte que Morgana le hizo a Darkwing en el primer capítulo, y también gracias a que los grupitos de Morgana y McQuack logran llegar a San Canario a tiempo, la situación es resuelta en segundos. ¡Misión cumplida!

En este capítulo los personajes de ambas franquicias por fin empiezan a conectar, en lugar de sólo estar quietecitos en el fondo: Gosalyn y Ángela conectan por ser hijas de los protagonistas, McQuack y Bronx conectan por ser los amigables (y desastrosos) asistentes, Morgana y Elisa conectan por ser las heroicas novias del cast, etcétera. Incluso Démona parece formar una estable alianza con Paddywhack.

Durante el capítulo 4, mientras DWD y Goliath tienen su pelea contra los villanos del crossover, los otros dos grupitos de héroes tienen un momento para conversar y conocerse al mismo tiempo que ejecutan sus partes del plan. 
Aunque estos momentos son lindos y muy necesitados, su presencia en el gran final se siente mal colocada. En lugar de conocerse bien durante el clímax, ¿por qué no lo hicimos durante los capítulos 2 o 3?

Pero aunque el capítulo 4 nos presente una necesaria interacción profunda entre los personajes de DWD y Gargoyles, también confirma la queja que formulé desde que leí por primera vez el capítulo 2: este crossover no necesitaba cuatro partes para resolverse adecuadamente.

A sabiendas de que los capítulos 2 y 3 son puro relleno, y también a sabiendas de que no se requirió ni un minuto para detener a Démona una vez que todos los héroes se pusieron a trabajar, queda claro el error fatal de este crossover: nos encontramos ante un clásico caso de “hacer a todos estúpidos para generar drama artificial”. La única razón por la que el capítulo 4 se puso interesante fue porque los autores les desbloquearon las neuronas a todos los involucrados.

Son tres los defectos en el capítulo 4:

1.- Darkwing y Goliath (alias “los protagonistas principales”) no fueron quienes salvaron el día. Morgana fue la que lanzó los hechizos requeridos para acorralar a Démona y aprisionar de nuevo a Paddywhack, y por lo tanto, se podría decir que ella fue la verdadera heroína. Mientras tanto, Elisa, Ángela y Gosalyn fueron las únicas en brindar asistencia real en el asunto, dejando a McQuack y a las otras gárgolas como personajes 100% innecesarios.

2.- ¿Recuerdan que el capítulo 1 introdujo el dilema secundario de “Darkwing no puede contra los criminales de Gargoyles”? Pues este dilema jamás es resuelto. Gracias a que Morgana toma el rol de “pieza clave” en la trama, su novio enmascarado termina en el rol de “alivio cómico”. DWD es un completo fraude en este crossover, entorpeciendo la aventura más de lo que la resuelve. Ya sé que el fulano es un héroe cómico, ¡pero tampoco hay que exagerar!

3.- Gracias a que Darkwing y Goliath se pasan el crossover entero siendo el antónimo de “un dúo dinámico”, los antagonistas también son rebajados a niveles estúpidos para poder brindar un final feliz. Particularmente, Démona sólo espera a que sus secuaces hagan todo el trabajo en lugar de saltar a la acción, y Paddywhack es nerfeado a niveles absurdos.

Sólo hay dos cosas positivas en este crossover de franquicias. La más obvia es el estilo de dibujo, cortesía de Ciro Cangialosi en su regreso a la franquicia de DWD después de encargarse de las ilustraciones en el spin-off de “Negaduck”. Su trabajo en los capítulos 1 y 4 del crossover es especialmente bueno, y desde luego, también debo darle crédito a quien fungió como su colorista: Agnese Eterno. Ojalá ambos vuelvan a darse una vuelta por la franquicia de Darkwing Duck en un futuro.

La otra cosa positiva es el rediseño para el Quack-Ronomicón y Paddywhack.

¡Es increíble lo que un simple cambio en la paleta de colores puede hacer por un personaje! El Quack-Ronomicón ahora sí luce como un libro de magia especial, no como en “My Valentine Ghoul” donde parecía un libro ordinario.

Por su parte, Paddywhack ahora es mucho más expresivo: sus ojos son más grandes, sus colmillos son más notorios, y su acting es más variado si lo comparamos con lo visto en “The Haunting of Mr. Banana Brain”. Además, aunque sus poderes han sido nerfeados por motivos de guion, el nuevo modo en que está dibujado casi consigue esconder ese detalle por completo. Casi.

Una página del clímax de la historia, del capítulo 4. El Quack-Ronomicón es apenas visible en la primera viñeta, pero es fácil notar su cambio en la paleta de colores respecto a lo que vimos en su debut. 
Quien se roba los reflectores es Paddywhack, con una renovada actitud y un igualmente renovado set de habilidades. Aunque tengo opiniones conflictuadas respecto a las cosas que han cambiado con Paddywhack, debo admitir que la primera impresión que recibí fue positiva.

Mi calificación final para “Gargoyles x Darkwing Duck” es un 6/10. No es lo peor que he leído cuando se trata de cómics del pato enmascarado, pero en definitiva tampoco se acerca a las alturas de DWD Boom! Studios, DWD Joe Books o DWD Dynamite Vol.2. Los capítulos 1 y 4 son entretenidos, y el aspecto visual es tan sólido como ya estamos acostumbrados, pero el aspecto narrativo le quita demasiados puntos.

Los protagonistas pierden 2/3 de su coeficiente intelectual, y los antagonistas casi están suplicando que los derroten por lo patético de su plan. Los personajes secundarios están inactivos la mayor parte del tiempo, y el relleno se vuelve cansino tras unas pocas páginas. El lore detrás de algunos de los aspectos clave de la historia es ignorado, y la química entre los héroes es 90% inexistente.

El potencial para hacer de este un gran crossover estaba a plena vista, y me parece una gran lástima que las cosas no hayan salido bien. Pero veamos el lado amable: ahora que el crossover ha terminado, podemos retomar los cómics regulares de DWD Dynamite Vol.2. Su capítulo 7 debería salir a más tardar en junio, y después de la mediocridad que representó Gargoyles x Darkwing Duck, en definitiva tengo apetito para una buena historia de nuestro terror que aletea en la noche. De seguro eso no es mucho pedir, ¿verdad, Dynamite Entertainment?

¿Verdad…?