Fandom: Looney Tunes.
Nivel de conocimiento previo requerido:
Bajo o medio.
Tiempo estimado de lectura: 22
minutos.
[Link a la Parte 2 disponible aquí]
PUESTO 3: Quick Brown Fox y Rapid Rabbit (1969)
Nuestro cuarto
puesto ocupado por personajes de la Era Warner-Seven, y también, el más controversial si Pepé Le Pew no
hubiera estado aquí arribita. Pocas veces me verán dándole crédito a unas copias tan descaradas como lo son
Quick Brown Fox y Rapid Rabbit: un
plagio obvio de Wile E. Coyote y el Correcaminos. No obstante, se dice que
“la imitación es la forma más pura de la admiración”, así que hoy voy a romper
una lanza por estos dos plagios, ya que
siento que arreglarlos es demasiado fácil.
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| Una de las primeras trampas que Quick Brown arma para atrapar a Rapid. Ya sé que es muy simple para estándares de los Looney Tunes, ¡pero hey, es un comienzo! |
Quick Brown es una copia de Wile E., siendo ambos cánidos inventores armando
trampas complejas para atrapar a sus presas. A su vez, Rapid es una copia del Correcaminos, siendo ambos presas
súperveloces que, por pura suerte y conveniencia de guion, siempre escapan de
las trampas de sus perseguidores, además de que emiten un sonido como de bocina
mientras corren.
Podría parecer
que un plagio tan descarado no tendría modo de ser arreglado a menos que los rehagamos
desde cero, pero nada más alejado de la verdad: es muy fácil arreglar a Quick
Brown y Rapid si sabes dónde buscar y
por dónde comenzar. Y ahora, yo les diré cómo conseguirlo.
Cualquiera que
sea un fan ávido de los Looney Tunes ha escuchado hablar de “las 11 Reglas del Coyote y el
Correcaminos”: una serie de lineamientos creados por Chuck Jones para
asegurarse de que sus cortometrajes mantuvieran una alta calidad y consistencia narrativa. Si queremos que Quick
Brown y Rapid dejen de ser calcos de Wile y el Correcaminos, basta con que rompamos algunas de las
reglas en pro de darles su propia identidad.
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| Una de las pocas diferencias que existen entre el Correcaminos y Rapid Rabbit es que, mientras el primero no parece ni siquiera notar que lo están cazando, el segundo está consciente de ello y suele contraatacar a su cazador. |
De las 11 reglas
que Wile E. y el Correcaminos siguen, yo romperé las siguientes para reescribir
a Quick Brown y a Rapid:
– REGLA 4 – “Nada de diálogo, salvo los ‘Beep
Beep’ del Correcaminos y los quejidos de dolor de Wile”: yo les daré diálogos regulares a Quick
Brown y a Rapid.
– REGLA 5 – “El Correcaminos no puede
salir de los caminos, pues por eso se llama ‘Correcaminos’”: yo haré que
Quick Brown y Rapid vivan en un bosque silvestre, por lo que no existirán
caminos que les pongan frontera.
– REGLA 7 – “Todas las herramientas,
armas y aparatos mecánicos deben ser de la marca ACME”: como Quick Brown y
Rapid vivirán en un bosque inconexo de la civilización, haré que Quick Brown
fabrique por mano propia la mayoría de sus herramientas. Habrá algunas cosas
que sí pida por correo, pero no serán de marca ACME.
– REGLA 8 – “El mayor enemigo de Wile son
la fuerza de gravedad y las leyes de la física en general”: aunque a veces sí
haré que Quick Brown falle debido a pura lógica de caricatura, la mayor parte
del tiempo podremos atribuirle sus fracasos a errores de diseño en sus trampas.
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| Quick Brown preparando una trampa estilo "Rube Goldberg". Ya saben: esas máquinas en las que cada mecanismo activa al mecanismo que sigue, y ese al que sigue, y así sucesivamente. |
Con estos cuatro
distintivos entre la dupla del desierto y la dupla del bosque, esta es mi
versión de Quick Brown Fox y Rapid Rabbit:
“Quick
Brown Fox es un inventor infravalorado… o
al menos, eso es lo que él cree. Su sueño es ser reconocido algún día por
su talento, y conseguir trabajo en la famosa empresa ACME. Buscando un lugar tranquilo para desarrollar el
potencial que cree tener, Quick Brown se acaba de mudar a una cómoda cueva en el
bosque. Aquí conoce a Rapid Rabbit:
un joven conejo que aspira a ser el mejor atleta del mundo.
La velocidad natural de Rapid es asombrosa, lo que le da a Quick Brown
una idea: si logra crear un invento infalible para atraparlo, de seguro ese invento podrá ser su boleto
de entrada al equipo de ingeniería de ACME. Como Rapid es joven e inocente,
a Quick Brown no le cuesta trabajo convencerlo de que ‘él es su amigo’, y que sus inventos son ‘pistas de obstáculos’ con los que podrá entrenar para alcanzar su
sueño.
Entonces, mientras Quick Brown se desvive en cada
cortometraje por crear una trampa
infalible contra Rapid, Rapid ve todo como un divertido circuito de entrenamiento propiciado amablemente por
su ‘buen amigo y vecino’ Quick Brown. Desde luego, las trampas nunca funcionan, trayéndole humillación y frustración
al zorro… eso sin mencionar que, como el conejito lo ve como un amigo, tiene
que soportar sus infantiles e incesantes
parloteos.”
PUESTO 2: Merlín el Ratón Mágico y Second Bananas
(1967)
Nuestro último
puesto ocupado por un miembro de la Era Warner-Seven. Antes que nada,
quitémonos de encima la obvia aclaración de que “Merlín el Ratón Mágico y Second Bananas fracasaron por su simpleza”
porque estoy segura de que ya no
necesito detallarlo a estas alturas. Más bien, centrémonos en lo fácil que
será reparar a esta dupla, sabiendo que
alguien más ya dio el primer paso.
Originalmente,
Merlín era un mago de esos que dan shows
infantiles, con los típicos trucos que en realidad son meras ilusiones
ópticas. El éxito de Merlín en sus presentaciones era inexistente, y si a eso le sumábamos que el fulano es un pequeño
ratón, no nos debería extrañar que sus shows se volvían persecuciones de parte
de felinos hambrientos o espectadores insatisfechos. Acompañando
a Merlín, teníamos a Second Bananas:
un ratoncito que fungía de asistente
en sus actos de magia, pero cuya imprudencia
infantil muchas veces solía meterlos en problemas.
Cabe aclarar que,
a pesar de lo que dije antes, Merlín sí
tiene magia real: puede darles vida a objetos inanimados, desaparecer o
reaparecer a voluntad, sacar cosas de su sombrero que no deberían caber ahí,
etcétera. Sin embargo, los cortometrajes nunca explican por qué Merlín no usa su magia real en los espectáculos.
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| Uno de los ejemplos más característicos de la magia real de Merlín es su alfombra mágica. Ya sé que es cliché, pero supongo que peor es nada, ¿no creen? |
Considero que el
problema con Merlín es que no tiene
justificación alguna para su forma de actuar. Es ahí donde entra el “primer
paso” que mencioné antes.
Igual que con
Cool Cat, Merlín tuvo una pequeña aparición en Tiny Toons Looniversity, donde los creadores aprovecharon para
reescribirlo un poquito. En esa versión, Merlín puede ser descrito como un troll: alguien que gusta de asustar o sorprender a la gente para
divertirse. Su rutina consiste en fingir
que es un fraude con los típicos trucos baratos, y cuando el espectador llega
al límite de su paciencia, sorprenderlo
con magia real. Second Bananas no aparece en Looniversity, pues como el propio Merlín sólo fue un cameo, no hubo
tiempo para meter a su asistente.
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| En Tiny Toons Looniversity, nos dicen que Merlín y Bugs crecieron juntos en el campo. Ambos tienen una rutina similar de "casualmente volar las cabezas de sus enemigos", pero mientras Bugs lo hace durante su vida cotidiana, Merlín lo hace como forma de trabajo. |
Me agrada la
propuesta de que Merlín guarda su magia
para el último minuto como forma de jugar con la audiencia, así que mi
reescritura sólo añadirá un poco más de lore
e incluirá a Second Bananas en la mezcla. Esta es mi versión de la historia:
“Merlín
el Ratón Mágico es un artista inusual: en vez de apelar al público lo más pronto posible, le gusta jugar con
su tiempo y con sus espectadores. Fingiendo ser un fraude durante el 90% del show y revelando su verdadero talento sólo hasta
el 10% final, Merlín intenta generar
tensión dramática sobre su audiencia.
Sin embargo, la mayoría de la gente no tiene la
paciencia para sentarse durante veinticinco minutos viendo a un ‘mago
de pacotilla’ sacando conejos de peluche de su sombrero o usando serruchos de
goma para partir falsamente a alguien por la mitad. Si Merlín inicia una
presentación con un teatro lleno de gente expectante, la termina con un teatro vacío y malas reseñas en todos los medios
posibles.
En raras ocasiones, una o dos personas se quedan
durante el acto entero (para abuchear y burlarse), pero Merlín no pierde la
compostura y mantiene su rutina habitual, logrando cerrarle la boca a sus detractores cuando los cinco minutos finales
llegan y la verdadera magia comienza.
Acompañando a Merlín, tenemos a Second Bananas: su leal asistente y seguidor
#1. Merlín sabe que es normal que la gente lo menosprecie por su insólito estilo
de espectáculo, pero Second Bananas sigue siendo un niño, y su reacción ante cualquier menosprecio hacia Merlín
tiene mucho menos tacto.
El joven ratón es de mecha
corta cuando se trata de lidiar con críticos, por lo
que suele meter en problemas a Merlín
con frecuencia. Es un alivio que Merlín tenga una personalidad más confiada
y refinada para calmar las aguas, sin mencionar su magia real, capaz de defenderlo cuando es imposible terminar las
cosas mediante el diálogo civilizado.”
PUESTO 1: Buddy (1933)
A lo largo de
este listado, hemos hablado de muchos personajes mediocres: gatitos olvidados por su antigüedad, ratones
despreciados por su falta de carisma, zorrillos funados, humanos mal manejados…
No podemos negar que lo que hemos visto
va desde lo olvidable hasta lo insultante.
Y aun así, creo
que ni uno de nuestros nueve puestos
anteriores le llega a los talones, en una escala de mediocridad, a nuestro
puesto 1. Lo que tenemos ante nosotros es el equivalente a un disparo en el
cráneo: es un milagro que no haya sido letal para la franquicia.
Buddy es todo lo contrario a lo que los Looney
Tunes representan. Él es
amigable, caritativo, armonioso, tierno, y un sinfín de adjetivos más que implican
lo opuesto a lo que una franquicia sobre
slapstick de caricatura debería tener.
Pero más allá de
esa lindura que nos recuerda un montón a Sniffles, lo que vuelve a Buddy un
personaje tan letal es lo soso, aburrido, y falto de inspiración que se siente.
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| Igual que Beans, Buddy solía aparecer al comienzo y al final de cada cortometraje de su época. Admiren, damas y caballeros, el soso diseño de Buddy: un fulano cualquiera con trajecito. ¡Cuando menos Norman usaba lentes! ¡Buddy no tiene NADA de especial o distintivo! |
Entonces, ¿cómo
puedo decir que ‘Buddy tiene un potencial
desperdiciado’, si es un personaje tan anti-Looney Tunes? Simple: alguien más ya lo hizo, pero se quedó a
medias. Igual que con Cool Cat y Merlín el Ratón Mágico, ya hemos visto a
un escritor profesional darle unos
ajustes a Buddy en un cameo sorpresa. Lo único que yo debo hacer es expandir la idea de ese cameo para que
pueda sostenerse en un rol principal y protagónico.
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| Esta captura viene del cortometraje "Buddy the Gee Man": el último cortometraje clásico en que el personaje estuvo presente. La trama se puede resumir a "Buddy se convierte en el rector de una prisión, y procede a convertirla en un paraíso para los reclusos". Crear una trama más sanitizada que esta es una misión imposible, y lo digo en el peor sentido posible. |
Es un cambio de
180°, pero al mismo tiempo, es de lo más simple. Mis respetos para Tom Ruegger, quien es el creador de Animanía, de los Tiny Toons, y de las bases para mi Buddy reescrito. A mí jamás se me habría ocurrido la idea que
él tuvo para salvar a este personaje “insalvable”, y por eso quería hacerle una
mención.
En el episodio 65 de Animanía, se nos
cuentan los orígenes de Yakko, Wakko y
Dot dentro del universo de la serie. Para quienes no estén familiarizados
con Animanía, un poco de contexto: en
ese universo, los personajes de caricatura son seres vivos de carne y hueso, que trabajan como actores profesionales en los
cortometrajes en los que aparecen.
Según lo que nos
dice el episodio 65, el trío animaníaco fue traído a Warner Bros. porque Buddy era un terrible actor cómico.
El fulano era descrito como “una cura
infalible para el insomnio”, así que para darle algo de vida a sus
cortometrajes, Yakko, Wakko y Dot fueron contratados como sus rivales amistosos.
Eventualmente, Buddy fue despedido,
el trío animaníaco se volvió protagonista,
y fin de la historia… o al menos, eso es
lo que todos creían.
Resulta que, tras
ser despedido y reemplazado, Buddy comenzó a guardarle un enorme rencor al trío
animaníaco, al grado de intentar matarlos
durante el festejo de su sexagésimo quinto cumpleaños. Desde luego, el intento
de asesinato falla y el episodio
termina bajo el mismo estatus quo de
siempre, pero como dije antes, las semillas para una reinterpretación total de Buddy habían sido plantadas.
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| En el universo ficticio de Animanía, los hermanos Warner (y la hermana Warner) fueron creados para darle algo de caos a los aburridos cortometrajes de Buddy. Por fuera, Buddy fingía llevarse bien con las tres criaturitas, pero por dentro, los odiaba con toda el alma. |
El Buddy que todos
conocemos es excesivamente dulce y lindo,
y por eso fracasa como personaje de los Looney Tunes. Para remediarlo, lo que
Ruegger hizo en su versión para Animanía fue volverlo un doble cara: actúa tierno frente a las cámaras, pero es
brutal cuando la ternura no le sirve. Es un cambio simple pero muy efectivo,
pues reduce el peso de la ternura de
Buddy sin necesidad de quitársela. También me gusta el concepto de que Buddy le guarde rencor a otros Tunes por
ser más exitosos que él. Entonces, para mi reescritura de Buddy, el
trasfondo que le daremos será el siguiente:
“Buddy
es un Tune que ha visto días mejores.
Hace varios ayeres se encontraba en la cima del mundo, trayendo alegría
mediante sus canciones, bailes y actos
amistosos. Pero ahora, el mundo lo ha olvidado en favor de los Tunes más
salvajes y groseros. Buddy no entiende qué hay de atractivo en un montón de
Tunes atacándose entre ellos; y creyendo que el resto de la sociedad ha perdido
la razón y la decencia, ha decidido lanzarse en una cruzada de un solo hombre.
Buddy suele ser afable en su vida cotidiana, y quienes lo conocen lo ven como un
sujeto ‘promedio pero bueno’. Pero si se cruza con algún otro Tune en la calle,
su personalidad da un vuelco total, volviéndose un típico villano de slapstick. Desde este punto, la historia se estandariza
a lo típico de un Looney Tune: Buddy usa dinamita, trampas complicadas, armas
de fuego, etcétera, para intentar capturar
o eliminar al Tune con quien se cruzó.
Dicho Tune NUNCA
nota que Buddy está queriendo eliminarlo. A veces es porque Buddy no sabe colocar bien sus trampas o tiene mala suerte. Otras veces es
porque todo el mundo tiene tan asimilada la idea de que ‘Buddy es un buen
chico’ que parecen estar ciegos ante la
obviedad del chamaco queriendo matarlos.
Lo más irónico es que Buddy se ha obsesionado
tanto con la idea de ‘destruir a los nuevos Tunes para volver a los buenos
viejos tiempos’ que no se da cuenta de
que él mismo está abandonando el estilo de los buenos viejos tiempos. Al
ceder ante su deseo de eliminar a la competencia, Buddy se está volviendo tan salvaje y grosero como los Tunes a los
que tanto repudia, pero le falta la autoconsciencia para captarlo.
Otra ironía se halla en que, por limitarse a usar
armamento slapstick, Buddy está ignorando
su naturaleza como un Tune de la vieja escuela, junto a las ventajas que
eso conlleva. Cualquier persona que haya visto una caricatura de la misma
antigüedad de Buddy sabe que, con tocar o cantar una simple canción, estos
personajes pueden controlar las leyes de
la física como lo deseen. Si Buddy orquestara una trampa al ritmo de una
melodía que domine, no hay duda de que aniquilaría a su blanco.
Al final, Buddy es un Tune bastante capaz, pero
que está tan obsesionado con sus planes de ‘restauración moral mundial’ que no
nota que con pocos ajustes a su rutina
cómica podría regresar a la cima.”
…
…
…
CONCLUSIÓN
¡Por fin hemos terminado! Al momento de publicar esto, faltan menos de cuatro
años para que la franquicia de los Looney Tunes cumpla cien años. ¡Cien años! ¡Un siglo completo! Algunos
incluso dirían que faltan menos de tres años, considerando la fecha de creación
del piloto. Independientemente de qué año consideres como el verdadero punto de
origen de los LT (1929 o 1930), es innegable que esta franquicia ha recorrido
un larguísimo camino.
Elaborar mis
reescrituras para estos diez personajes fue divertido. Normalmente, me gusta crear personajes con más profundidad, así que tener que
limitarme a menos de una cuartilla por cada propuesta fue un bonito reto
(aunque por poco fallo con Buddy,
ups).
Mi objetivo con
esas mini-reescrituras fue mantener el espíritu cómico de los LT clásicos, pero también darles un
toque de personalidad extra que es tan demandado en el mundo de la animación actual. La caracterización de
El Invasor (de “El Día que la Tierra Explotó: una Película de Looney Tunes”) fue
una gran inspiración, así que díganme en los comentarios si logré darles a
estos diez personajes ese mismo toque clásico
y moderno simultáneo con mis reescrituras.
En esta longeva
saga de publicaciones, hemos visto a personajes
que no me agradan, personajes
que me agradan más que al público
general, y personajes que me
agradarían si se les hicieran unos cambios. ¿Qué les ha parecido el
recorrido entero?
Sin más que añadir por ahora, me despido. ¡Hasta la próxima, amables lectores!
¡Cuídense mucho!