domingo, 20 de septiembre de 2026

Top 20 cortometrajes clásicos de los Looney Tunes de mi adultez [Parte 1 de 3]

Fandom: Looney Tunes.
Nivel de conocimiento previo requerido: Bajo o medio.
Tiempo estimado de lectura: 25 minutos.

[Parte 2 disponible a partir del 27 de septiembre]

Hace muchos ayeres, hice una dupla de publicaciones aquí en Título en Proceso enlistando a 20 cortometrajes clásicos de los Looney Tunes que conocí en mi infancia, y que hasta hoy en día siguen siendo de mi aprecio profundo.

En la sección introductoria de ese listado, narré cómo conocí a esta franquicia gracias a las series y películas compilatorias de los 1960s y 1970s, que eran repetidas hasta el cansancio en la televisión abierta en los 2000s. También narré que, debido al limitado catálogo de cortometrajes en esas compilaciones, seguramente sólo vi 1/5 del repertorio completo de la etapa clásica.

Aunque mi cariño por los LT perduró a través de los años, admito que nunca tuve ganas de investigar más a fondo hasta la preparatoria, siendo ahí que descubrí la existencia de los cortometrajes en blanco y negro, los detalles de la era Warner-Seven, los Once Censurados, etcétera.

Unos años después, me topé con la saga de documentales “The Merrie History of Looney Tunes” en YouTube. Su presentación fue tan buena que me inspiró a dedicar unos días de mis vacaciones a maratonear todos y cada uno de los 1002 cortometrajes clásicos. Después de 10 días de recordar viejos momentos y descubrir nuevas experiencias, tuve mucho en que pensar. Me había perdido de DEMASIADAS cosas en mi infancia, y leer artículos en una wiki no se comparaba a la experiencia viva.

Elegir 20 entradas en base a una lista de ∼800 opciones ha sido una enorme labor. Incluso con la sección de menciones honoríficas ofreciendo diez premios extra de consolación, este top no le hace justicia a la filmografía clásica. Por eso, si tú eres como fui yo, y sólo conoces los cortometrajes clásicos que fueron compilados y transmitidos en televisión abierta antes de 2010, te recomiendo tomar este listado como una introducción a la versión completa de los LT originales.

Como siempre, el top 20 estará basado en MIS PREFERENCIAS PERSONALES, así que no estás obligado a concordar con mis elecciones. El criterio básico que he tomado es enlistar sólo cortometrajes que no conocí en mi infancia y que me parecieron especiales de un modo u otro una vez que los descubrí. Sin más por añadir, ¡iniciemos!

MENCIONES HONORÍFICAS

PUESTO 30: “A Cartoonist’s Nightmare”

Tal vez esta sea la única ocasión en toda la vida en que me verán dándole un elogio a un cortometraje de Beans y Jack King, así que atesórenla. “A Cartoonist’s Nightmare” tiene una trama sencilla: un animador es secuestrado por sus propias caricaturas antagónicas, y Beans debe rescatarlo. El concepto es original para estándares de su época, y la ejecución es mejor que lo usual en un cortometraje de Beans.

El animador después de ser arrastrado al mundo de las caricaturas por uno de los monstruos que él mismo creó.
Una generosa porción de las imágenes que verán en esta trilogía de publicaciones fue sacada de  "Eliza's Review Blog". Si les gusta leer análisis profundos de los Looney Tunes, ¡no duden en echarle un vistazo a su trabajo!

PUESTO 29: “Book Revue”

La etapa temprana de los Looney Tunes está plagada de cortometrajes de estilo “objetos que cobran vida”. Es una clase de humor sencillo al que los escritores de seguro acudían en momentos de crisis económica o creativa, o cuando querían dedicarle tiempo extra a otro cortometraje más ambicioso. De entre todos los cortometrajes en esa categoría, elegí a “Book Revue” por su segmento final, y supongo que ese segmento también fue el que lo hizo acreedor del puesto 45 en la lista de “Las 50 Caricaturas Animadas más Grandiosas” en 1994.

El segmento final de Book Revue gira en torno a Lucas saliendo de un cómic para convivir con otrs personajes salidos de libros. Por ejemplo, aquí lo vemos advirtiéndole a Capericuta Roja lo que pasará si entra a la casa de la abuela.

PUESTO 28: “Porky’s Preview”

Un cortometraje recomendadísimo para cualquier aspirante a animador, y no es broma. Aunque la locura rebosa en cada fotograma (como es usual cuando hablas de Tex Avery), es impresionante ver uno de esos raros ejemplos en que los 12 Principios de la Animación son ejecutados antes de que existieran los 12 Principios de la Animación. No me puedo imaginar lo mucho que se divirtieron los artistas de la Termite Terrace al elaborar este cortometraje.

Sí, este es un fotograma realmente sacado de Porky's Preview. El cortometraje tiene la trama de 'Porky fue el autor', y por eso luce de este modo.

PUESTO 27: “Bosko’s Dizzy Date” / “Bosko and Honey”

El famoso Looney Tune ‘clonado’. Para quienes desconozcan el contexto, resulta que existen dos versiones de “Bosko’s Dizzy Date”, con la segunda versión cambiando sólo en el título, la duración de unas escenas, y la voz de uno de los personajes al cantar. Nadie sabe por qué existen dos versiones de este cortometraje, pero la teoría más popular es que “Bosko and Honey” es un prototipo incompleto de “Bosko’s Dizzy Date” que fue llevado a postproducción por accidente.

Bosko y Honey en su cita.

PUESTO 26: “Rabbit Stew and Rabbits Too!”

Uno de los mayores ejemplos de subjetividad que hallarán en el listado entero. No sé por qué, pero Quick Brown Fox y Rapid Rabbit me caen muy bien, y eso me basta para darles un lugarcito en las menciones honoríficas. Ojalá algún día les pueda compartir todas las ideas que tengo para esta dupla, porque su mención en mi top 10 de personajes infravalorados de la franquicia se quedó muy chica cuando se trata de estos dos dibujitos animados.

Rapid Rabbit activando una de las trampas de Quick Brown Fox, poniéndolo a él como la víctima del aparato sin que se dé cuenta.

PUESTO 25: “The Henpecked Duck”

Uno de los primeros cortometrajes que mostraron al Pato Lucas como un personaje polifacético. Visto de manera superficial, “The Henpecked Duck” no tiene nada especial, pero a mí me gusta verlo como un paso importante en la transición de Bob Clampett de ser ‘el director alocado de los LT’ a ‘el director inteligentemente alocado de los LT’.

En The Henpecked Duck, Lucas accidentalmente pierde uno de sus huevos por hacer trucos de magia con él. Su esposa no le perdona el suceso, por lo que decide pedir el divorcio. El único modo de evitarlo será que Lucas encuentre el modo de revertir el truco de magia y reaparecer su huevo.

PUESTO 24: “Fox Pop”

Siendo honesta, la única razón por la que le tengo cariño a este cortometraje es que lo utilicé como base para un proyecto de la universidad. “Fox Pop” habla de un zorro que cree que “los zorros están de moda” significa que puede mudarse a la ciudad para ser tratado como rey, sólo para enterarse a último momento que el significado real es ‘se compran pieles de zorro a granel’. Es una típica trama de un malentendido que se sale de las manos, pero aun así le tengo cariño.

El zorro protagónico a medias de su intento para ser atrapado a propósito. No se preocupen: la trampa no funciona, así que nuestro inocente amiguito sale ileso.

PUESTO 23: “Lost and Foundling”

En mi humilde opinión, este es el único cortometraje de Sniffles en que Chuck Jones dio en el blanco. El personaje sigue siendo adorable, tal y como fue concebido, pero también consigue generar la clase de humor tonto y un poco cruel que caracteriza a los LT. El Sniffles de “Lost and Foundling” no es el Sniffles reescrito, y aun así es gracioso: por eso le tengo cariño a este cortometraje.

En Lost and Foundling, Sniffles cuida una cría de ave desconocida hasta que se vuelve adulta. Una vez que el ratoncito descubre que su "hijo" adulto es un águila come-ratones, el cortometraje se vuelve una tensa historia de suspenso porque no sabes si el águila será compasiva o cruel con su "papá".

PUESTO 22: “Dog Gone South”

Este es uno de los poquísimos cortometrajes de los que les puedo decir, sin duda alguna, que el doblaje latino mejora la experiencia quince veces más. Lo común es que la versión original en inglés y la versión doblada sean igual de buenas, pero si quieren sacarle el mayor jugo posible a “Dog Gone South”, asegúrense a buscarlo específicamente con el redoblaje latino de 1997-2006. El actor de voz que eligieron para Charlie se lució.

Charlie ejecutando su usual rutina de ''vas a ser mi dueño, ya sea que quieras o no" con el Coronel Shuffle.

PUESTO 21: “Norman Normal”

El único integrante de las menciones honoríficas que me duele que no haya entrado al top 20 per se. Aunque se nota su presupuesto de 30 pesos, considero a “Norman Normal” como una obra infravalorada de la era Warner-Seven. Es un cortometraje muy distinto a lo que sueles visualizar en tu mente cuando piensas en LT, pero eso no le quita el mérito.

Norman pidiéndole un consejo a su padre acerca de un mal negocio que le pidieron hacer en su trabajo, sólo para que su padre le responda con el sermón genérico de "cuando yo era joven, tenía que caminar 9999 millas para ir a la escuela, bla bla bla...".

Y AHORA SÍ… MI TOP 20 DE CORTOMETRAJES FAVORITOS DE LOS LOONEY TUNES QUE CONOCÍ DURANTE MI ADULTEZ

PUESTO 20: “Bosko the Talk-Ink Kid” (Harman y Ising, 1929) & “Sinkin’ in the Bathtub” (Harman y Ising, 1930)

Les prometo que no planee dejar esta dupla específica de cortometrajes en el puesto 20. Yo sólo ordené mis opciones y las numeré hasta llegar al número 30, y coincidentemente, el punto de partida de este top también ha resultado ser el punto de partida de la franquicia entera.

“Bosko the Talk-Ink Kid” es el piloto de los Looney Tunes, con una sencilla animación de Bosko presentándose ante uno de sus creadores (Rudy Ising) y demostrando sus talentos como protagonista humorístico animado. El principal objetivo del piloto era probar que Harman y Ising eran capaces de hacer animaciones con audio: un talento raro y novedoso en aquel entonces.

Bosko conociendo a su creador en Bosko the Talk-Ink Kid.

Por su parte, “Sinkin’ in the Bathtub” es el primer cortometraje oficial de la franquicia. Al igual que sus contemporáneos, se podría decir que la trama es inexistente: Bosko y Honey se están preparando para tener una cita, y ya. El verdadero atractivo es ver a los personajes cantar y bailar al ritmo del audio: algo que para nosotros no es especial, pero que para la audiencia de 1930 era impresionante.

Al final de Sinkin' in the Bathtub, Bosko y Honey terminan utilizando una bañera como un bote para su relajante cita en el lago.

Más que nada, he incluido a esta dupla de cortometrajes en el listado por su valor histórico. Es lindo ver los primeros pasos de lo que una década después se convertiría en un titán de la animación estadounidense. Bosko tiene cierto encanto rudimentario: puedes notar las humildes herramientas con las que fue animado, pero también la personalidad que lo caracterizaría durante sus tres años de existencia.

PUESTO 19: “Porky’s Duck Hunt” (Avery, 1937) & “Porky’s Hare Hunt” (Hardaway y Dalton, 1938)

Nos movemos del origen de los LT al origen de sus dos estrellas más reconocidas.

El Pato Lucas tuvo un origen directo: Tex Avery lo creó en 1937 con un poco de ayuda de Bob Clampett, y cuando ambos vieron que el personaje tenía potencial, decidieron volverlo un protagonista en su segunda aparición. Fue un proceso limpio y rápido, demostrando el gran concepto que “Porky’s Duck Hunt” tuvo desde el arranque.

Así de chiquito y redondo se veía Lucas cuando debutó en Porky's Duck Hunt.

Por su parte, Bugs Bunny originalmente nació como un plagio de Lucas, pero como conejo en lugar de pato para que no se notara la auto-copia. “Porky’s Hare Hunt” fue un buen punto de arranque, pero después de eso, se requirió mucho trabajo para moldear a “Happy Rabbit” hasta lo que nosotros reconocemos como “Bugs Bunny”.

Así de bajito y blanco se veía Bugs (o "Happy") cuando debutó en Porky's Hare Hunt.

Quise poner a Hare Hunt a la misma altura de Duck Hunt porque, incluso si se nota la imitación barata, las pocas diferencias entre ambos cortometrajes son clave para entender que Bugs y Lucas siempre estuvieron destinados a ser distintos. Mientras el humor del “Proto-Lucas” gira alrededor de hacer cosas imposibles sin pensarlo mucho, el humor de Happy Rabbit se enfoca en la manipulación y la burla.

PUESTO 18: “You Ought to Be in Pictures” (Freleng, 1940)

La primera ocasión en que Lucas demostró que podía ser tramposo. Antes de que Chuck Jones se ensañara con el pato negro por ser el “hijo” de su rival laboral, parece que el ojo experto de Friz Freleng tuvo una premonición y se dio cuenta de que Lucas podía ser más que sólo “el chiflado de la franquicia”. Otros directores le darían seguimiento a la idea (véase el puesto 25 en las menciones honoríficas), pero como es costumbre, Freleng fue el pionero.

Lucas convenciendo a Porky de que 'los cortometrajes son poca cosa para él, así que mejor debería irse a hacer películas'.

“You Ought to Be in Pictures” también es recordado por ser uno de los poquísimos cortometrajes en los que el equipo de producción también fungió como parte de la comedia. Por ejemplo, la persona que interpreta el papel de ‘el jefe de Porky y Lucas’ es el patrocinador genuino de la franquicia en aquel entonces: Leon Schlesinger. O también, el sujeto que interpreta al guardia de seguridad es uno de los escritores más importantes de la franquicia: Mike Maltese.

Leon Schlesinger deseándole buena suerte a Porky en el mundo de las películas. 
Dato curioso: ver a un humano real dándole la mano a una caricatura era uno de los efectos especiales más impresionantes que existían en aquella época.

Tal y como relata el documental “The Merrie History of Looney Tunes”, la mayoría de los artistas de la Termite Terrace eran adultos jóvenes en aquel lejano 1940. El espíritu juguetón y travieso se respiraba en el edificio, por lo que este cortometraje me parece una encantadora cápsula de tiempo para mostrarnos lo que había más allá de los dibujos en papel y celuloide. Por cierto, este cortometraje ocupa el puesto 34 en “Las 50 Caricaturas Animadas más Grandiosas”.

PUESTO 17: “Racketeer Rabbit” (Freleng, 1946)

Un ejemplo más de Friz Freleng siendo un visionario. Este cortometraje es uno de los ejemplos más antiguos de Bugs Bunny enfrentándose a un rival más astuto que el Elmer Gruñón promedio: un concepto que McKimson adoptaría en años futuros.

Rocky intentando interrogar a Bugs acerca del dinero que le robó, mientras el conejo no le da importancia alguna a la interrogación.

Este cortometraje también es el debut de Rocky, aunque con un diseño y un secuaz distintos. Si les soy honesta, prefiero esta versión original del personaje: más astuto y peligroso, pero no por eso menos cómico. A diferencia del cortometraje usual de Bugs en donde la gracia está en la superioridad del conejo, “Racketeer Rabbit” es una pelea de astucia. Bugs mantiene la delantera casi todo el tiempo, pero eso no evita que Rocky consiga algunas victorias.

Aunque Bugs salió ganando al final de Racketeer Rabbit, eso no quita que Rocky pudo ponerlo contra las cuerdas en un par de ocasiones. No muchos villanos animados pueden presumir que pudieron darle dificultades al conejo gris, y Rocky es uno de esos pocos ejemplos.

Fuera de esos detalles, puedes considerar a “Racketeer Rabbit” como una aventura más de Bugs, aunque con un ligero exceso de armas de fuego. Supongo que por eso este cortometraje no solía emitirse en televisión abierta cuando era niña.

PUESTO 16: “Nasty Quacks” (Tashlin, 1945)

Las obras de Frank Tashlin no son de mis favoritas: no las odio, pero tampoco destacan ante mis ojos. Dicho esto, siempre me ha gustado imaginar a “Nasty Quacks” como un prototipo a la clase de humor que Arthur Davis manejaría a partir de 1946, y a mí me encanta el humor de Arthur Davis (en la Parte 2 hablaremos de ello).

En Nasty Quacks, Lucas es cómicamente insoportable. Digo: no por nada el título del cortometraje se traduce a 'graznidos asquerosos'.

Este cortometraje también es un grandioso ejemplo de la etapa transicional de Lucas, 50% incontrolable y 50% miserable. La audiencia obviamente se pone en contra de Lucas en cuanto comprende la situación, pero eso no lo vuelve incómodo u odioso de forma instantánea. Compárese eso al Lucas más clásico, a quien rara vez deseabas antagonizar, y la transición se vuelve obvia.

La escena de Lucas tratando de matar a la nueva pata mascota de la familia es uno de los ejemplos más tempranos del personaje siendo mezquino. Pero no se preocupen, porque la pata sale viva y feliz de este enfrentamiento.

El final es algo abrupto, y eso le quita algo de magia en mi opinión, pero el producto general es muy divertido. Además, aunque los cortometrajes de Tashlin no me gusten mucho, no negaré que fue un director importante en su momento. Por lo tanto, me habría sentido mal si no le hubiera hecho al menos un huequito en este top 20.

PUESTO 15: “Bosko in Person” (Harman y Freleng, 1933)

El cortometraje definitivo de la etapa pre-Porky. Les pido una disculpa a quienes opinen que “Bosko’s Picture Show” es el verdadero dueño de ese título, pero para mí, “Bosko in Person” es el cortometraje superior. Es una opinión subjetiva, pero permítanme argumentar a favor de ella.

Si omitimos la controversia de “Bosko’s Picture Show” respecto al diálogo ‘mal grabado’ de Bosko (el que sabe, sabe), lo único especial que tiene es ser el último LT protagonizado por el chico de tinta. En contraposición, “Bosko in Person” carece de controversias que inflen artificialmente su legado. Si acaso, hay un cameo sorpresa de un político de aquella época, pero como los cameos de gente importante eran regulares en los LT más antiguos, creo que podemos ignorarlo.

Bosko tocando un tambor con sus pies, dejándose llevar por la música y la emoción del momento.

Además, este cortometraje es divertidísimo. Me gustan los cortometrajes en los que un personaje simplemente se para frente una audiencia y saca todo lo que tiene por mostrar: discursos, actos, etcétera. Ver a Bosko exhibiendo sus talentos como lo hizo en el piloto pero ahora con confianza y soltura, se siente como si el chico de tinta en verdad hubiese evolucionado y agarrado práctica con el pasar de sus cortometrajes.

Bosko a punto de tocar canciones y contar chistes populares de 1933 para su público (o sea, nosotros).

CONTINUARÁ… [Parte 2 disponible a partir del 27 de septiembre]

domingo, 6 de septiembre de 2026

“El Show de Cuphead”: una hermosa serie animada que corrió, saltó… y se cayó de boca [Parte 3 de 3]

Fandom: Cuphead.
Nivel de conocimiento previo requerido: Bajo o nulo.
Tiempo estimado de lectura: 21 minutos.

[Haz clic aquí para leer la Parte 2]

¿POR QUÉ “EL SHOW DE CUPHEAD” ME PERDIÓ?

Al comienzo de esta serie de publicaciones, referencié el hecho de que el ascenso y la caída de El Show de Cuphead me recuerdan bastante al ascenso y la caída de Sonic Prime. Pues bien: hay un párrafo en mi opinión de la tercera tanda de Sonic Prime que se quedó especialmente atascado en mi mente cuando lo escribí, así que voy a traerlo de vuelta por lo bien que encaja con El Show de Cuphead:

“Si somos objetivos, las señales de que esta tercera tanda de episodios sería mala aparecieron desde la tanda #2. En retrospectiva, supongo que todos fingimos estar ciegos ante esas señales debido a la esperanza colectiva. Pero tras semejante final, muchos abandonamos las gafas que nos hacían ver todo de color rosa, y nos dimos cuenta de que estábamos sobreestimando a Sonic Prime.”

Al hablar de la segunda tanda de El Show de Cuphead, mencioné de manera superficial que hubo UN SOLO EPISODIO MALO. Quiero que nos enfoquemos en ese episodio, para que veamos cómo inició la bola de nieve que aplastó a la tercera tanda.

El episodio en cuestión es el 24, y se titula “Perdidos en el bosque”. La historia trata de Cuphead y Mugman yendo a buscar nueva leña para el invierno, pues la leña que Don Tetera había recolectado fue destruida por Cuphead, en un intento de evadir la labor de cortarla en trozos aptos para la chimenea.

El episodio 24 inicia con Cuphead volando en pedazos la leña que Don Tetera le pidió que cortara, pues tiene pereza de trabajar.

Este es uno de los tantos episodios en la serie cuya problemática brota de la irresponsabilidad, impulsividad e irreverencia de la taza de rojo. También es uno de tantos episodios donde Mugman debe pagar por los platos rotos de Cuphead. Supongo que desde aquí pueden ir adivinando por dónde va mi argumento

El chiste recurrente de Perdidos en el bosque es que Cuphead no deja de jugar con mini-cohetes de dinamita, quemando todo el trabajo que Mugman hace por él. Una vez que la taza de rojo se queda sin madera para mandar a la estratósfera, decide mandar también las hachas que Don Tetera les prestó. Y para cerrar con broche de oro, Cuphead también manda a volar la brújula con la que él y su hermano se estaban guiando.

¿Y qué es lo primero que sale de la boca de Cuphead cuando Mugman le grita que su pequeño juego con cohetes los ha dejado perdidos a ambos en el bosque? “Eh, no estoy muy preocupado”. ESA FRASESITA es la frase característica de Cuphead en este show, y también es la ruina de mi existencia cuando se trata de analizar sus episodios.

La personalidad entera de Cuphead se puede resumir en “Eh, no estoy muy preocupado”, y ese es el problema. Este chamaco es el causante de por lo menos la mitad de las desgracias que vive su familia, porque nada le preocupa a él.

Esta es la cara que Cuphead suele poner cuando suelta su frase en medio de un problema serio. Casi puedo escucharlo en mi cabeza sólo de ver la imagen...

¿Cuphead está jugando en un carnaval propiedad del diablo? “Eh, no estoy muy preocupado”. ¿Cuphead le rompió el asa a Mugman por accidente? “Eh, no estoy muy preocupado”. ¿Cuphead se comió todos los dulces de Mugman? “Eh, no estoy muy preocupado”. Y así podría seguir y seguir, pero supongo que ustedes ya captaron la idea: este chamaco es incapaz de preocuparse por algo a menos que afecte su propia felicidad inmediata o su orgullo.

Este problema con la escritura de Cuphead está presente desde el episodio 1, pero pasa desapercibido porque las problemáticas que la taza libera no son tan graves. Por ejemplo, retomando la listita del párrafo anterior, el diablo no es un villano competente, el asa se puede pegar con pegamento, y los dulces se pueden volver a comprar. Aunque Cuphead es un cretino, cuando menos sus ocurrencias no suelen pasar de “molestias temporales”.

“Perdidos en el bosque” es la primera ocasión en que las locuras de Cuphead tienen consecuencias duras: un invierno sin leña en la Gran Depresión es prácticamente una sentencia de muerte. Y aun así, la taza de rojo no aprende su lección.

Enojado por la falta de precaución de su hermano, Mugman se va por su propio camino y deja solo a Cuphead en el bosque. Gracias a que la taza de azul sí sabe sobrevivir por cuenta propia (el efecto más obvio de tener sentido de responsabilidad), el perderse en el bosque no le afecta porque puede construir una pequeña cabaña y cocinar con frutos silvestres. Mientras tanto, Cuphead casi se muere de hambre y frío porque está acostumbrado a que los demás arreglen sus desastres.

Cuphead suplicándole a Mugman que lo deje entrar a su cabaña, a lo que su hermano de azul le responde que no lo hará hasta que compense el hecho de dejarlos perdidos en el bosque.

En el clímax del episodio, Cuphead le roba a Mugman su cabaña y comida. La taza de azul llega a su límite, e intenta vengarse utilizando los mismos cohetes que iniciaron esta locura para volar en pedazos la cabaña. Sin embargo, Cuphead escapa antes de estallar, por lo que ahora ambos niños se quedan sin nada otra vez.

El episodio termina con Don Tetera encontrando a sus chamacos, revelando que él ya cortó nueva leña porque ellos se estaban tardando mucho en volver, y llevándolos de vuelta a casa. Pero como Cuphead nunca aprende su lección y es vengativo a más no poder, esto es lo primero que hace una vez que regresa a la seguridad de su patio frontal:

Sí, esto es lo primero que Cuphead hace en cuanto vuelve a estar a salvo. Quiero que digieran muy bien esta imagen en sus cabezas. Aprecien con atención lo que implica: Cuphead puede hacer lo que quiera, y los demás tienen que aguantarse.

Ver este episodio me hizo notar que, incluso en la tanda anterior, el tropo siempre era ese: Cuphead hacía alguna pillería, sus seres queridos trataban de remediar los efectos, y si fallaban, un deus-ex-machina aparecía para encargarse. Sin importar que la solución llegara de manos de Mugman, de Don Tetera o de un guionazo, una constante siempre se mantenía: Cuphead no sufría consecuencias ni mejoraba su actitud.

Supongo que eso explica por qué él y Chalice se llevan tan bien, por qué Mugman tiene tan poca tolerancia a la frustración, y por qué los escritores preferían escribir acerca de cualquier otro miembro del cast principal. No sé por qué todo el mundo (incluyendo el condenado diablo) tuvo el derecho de recibir desarrollo de personaje, mientras el protagonista principal sólo tuvo una involución de personaje, pero es lo que hay.

Ahora bien: si alguno de ustedes es un nerd de la animación igual o superior a mí (algo muy fácil de lograr), de seguro esté formando la hipótesis de que “Cuphead no tuvo desarrollo de personaje porque la serie está inspirada en las caricaturas de los 1920s y 1930s”. Ante este argumento, yo les presento dos contraargumentos:

1.- APLICAR ESA REGLA SÓLO AL PROTAGONISTA ES MALA ESCRITURA

Es imposible declarar que El Show de Cuphead pertenece al mismo género que los cortometrajes de Fleischer, los Laugh-O-Grams y las Silly Symphonies de Disney, y los Looney Tunes pre-Porky”. Afirmar esto sería como decir que Mugman, Chalice y el diablo no tuvieron desarrollo de personaje, y por lo tanto, sería negar la realidad.

Para poder decir que El Show de Cuphead sigue la misma línea de sus inspiraciones, la segunda tanda debió haber sido tan episódica como su predecesora. Pero en el momento en que los escritores decidieron que el episodio 13 sería el comienzo de una semi-serialización, ellos mismos cambiaron las reglas.

Por como están las cosas, Cuphead es un personaje de estilo Fleischer 1930… rodeado de personajes de estilo MGM 1950. Eso, lo veas por donde lo veas, es mala escritura. O le quitas el desarrollo al resto del cast, o le das desarrollo a Cuphead. No puedes tener ambas cosas a la vez si quieres mantener un equilibrio narrativo sólido.

Cuphead es como como un típico personaje de hace 100 años: unidimensional y que sufre consecuencias leves por sus actos caricaturescos.
Para quienes tengan curiosidad, esta imagen proviene del cortometraje "Mysterious Mose", de 1930.

Mientras tanto, el resto de los personajes en la serie parecen algo de hace 75 años: bidimensionales y que sufren consecuencias proporcionales a sus actos caricaturescos.
La imagen proviene del cortometraje "The Two Mouseketeers", de 1952.

2.- LAS CARICATURAS DE 1920-1939 NO ERAN PROTAGONIZADAS POR CRETINOS

Aunque el estereotipo dicte que “el protagonista promedio de una caricatura de hace 100 años siempre es un descarado”, aquellos que en serio han estudiado el tema saben que esa es una grotesca simplificación. La cosa no es tan simple como tachar a todos esos personajes de antaño como “irreverentes”, sino en encontrar el modo de justificar su irreverencia.

Algunos protagonistas son justificados porque están aplicando una venganza caricaturesca, otros son justificados porque son mentalmente incapaces de razonar lo que están haciendo, y otros son justificados porque tienen un rol villanesco explícito. El ser una persona malcriada sin motivo es algo desagradable en la actualidad y fue desagradable hace 90 años: eso no ha cambiado y nunca cambiará.

Y si quieren pruebas, por favor vean algún día el cortometraje de 1940 titulado “Elmer’s Candid Camera”, alias ‘el cortometraje que casi mató a Bugs Bunny’. El modo en que Happy Rabbit actúa ahí se parece demasiado al modo en que Cuphead actúa en su serie, así que si Happy Rabbit fue tan repudiado que lo mandaron a rebootearle la personalidad, no veo por qué Cuphead no merecería el mismo juicio.

Elmer's Candid Camera es considerado por muchos como una de las mayores bazofias realizadas por Bugs Bunny (aunque todavía ni siquiera se llamara así). De no ser porque Tex Avery se puso la capa de superhéroe y replanteó al personaje por completo unos meses después, este pudo haber sido su detestable final.

Así es como llegamos, por fin, a aquella escena final del episodio 36 que me he estado guardando. En la publicación anterior hablé acerca del diablo y Chalice robándose el gran final de la serie, y de Cuphead haciendo la salvada definitiva con una apuesta basada en piedra, papel y tijeras. También mencioné que el episodio se aseguró de mostrar con total explicitud que Cuphead siempre sale ganando porque tiene al guion de su lado.

Entonces, sabiendo que la taza roja nunca aprenderá su lección, que sus seres queridos son los que pagan las consecuencias, y que el guion jamás permitirá que su protagonista sufra por sus irresponsables actos, podemos hablar de esa escena final.

Después de su victoria contra el diablo, las dos tazas y el cáliz tienen una casual caminata por los campos verdes de las Islas Tintero. Ha pasado un mes desde aquella decisiva competencia de baile, y para festejar, los tres niños disfrutan de un helado mientras reflexionan acerca de la lección que aprendieron: no hacer tratos con el diablo.

En eso, su caminata los lleva a toparse con un llamativo cartel con luces. Al parecer, el diablo ha abierto un casino, seguramente para reemplazar el carnaval que Cuphead y Mugman destruyeron en el episodio 1. Desde luego, considerando lo que nuestros protagonistas estaban conversando hace diez segundos, la decisión unánime es dar media vuelta y continuar su paseo por otro camino.

Mugman, Chalice y Cuphead viendo el letrero que indica hacia dónde está el casino del diablo.

Excepto que eso no es lo que ocurre, porque en cuanto Cuphead lee el cartel, sale corriendo hacia el casino con una risa medio maniática, entusiasmado por meterse en un nuevo lío cuyas consecuencias de seguro no le preocuparán mucho. Mugman y Chalice van corriendo detrás de la taza de rojo para impedir que cometa una nueva estupidez, y con ese encuadre de los protagonistas corriendo hacia el casino del diablo, el show termina en un final abierto.

La escena final del show: Cuphead yendo al casino del diablo con total euforia,...

Hay muchas cosas mal con este final. Si hubiese visto la escena de manera aislada, sin tener el contexto del resto del show, me habría parecido un final cómico para una serie igualmente cómica. Pero como sí tengo el contexto, no puedo evitar sentir que una mano de caricatura ha salido de la pantalla para darme una bofetada.

Comencemos con lo más obvio: esta es la prueba definitiva de que Cuphead jamás aprenderá su lección.

La escena ocurre en el mismo episodio que confrontó a la taza de rojo con la posibilidad de perder a su única amiga, a lo que él respondió con una apuesta de piedra, papel y tijeras. También ocurre exactamente una tanda después de que la taza de rojo enfrentase el riesgo de perder a su hermano, cosa a la que él respondió siendo tan caótico que el mismísimo diablo pidió buscar una alternativa pacífica.

...mientras Mugman y Chalice se quedan atrás, en espera de que les caiga un nuevo infortunio.

Ahora, después de un mes de existencia pacífica la cual todos expresan que ha sido maravillosa gracias a que no han vuelto a ver al diablo, el primer instinto de Cuphead tras ver un letrero que dice dónde está el diablo es ir hacia él. Como ya me desahogué hace unos párrafos, no verán más quejas intensas de mi parte por este asunto, pero supongo que ustedes tampoco necesitan más explicaciones.

La otra cosa que me irrita de esta escena es la sutil insinuación de que El Show de Cuphead es una precuela al videojuego de Cuphead: No Hagas Tratos con el Diablo.

Primero que nada, ¿qué pasó con todo el lore que estuvimos armando en el show? ¿Qué pasó con la idea de que la caricatura funcionaba con sus propias reglas e historias? Si suponemos que El Show de Cuphead siempre estuvo pensado para ser una precuela al videojuego original, ¿cómo planeaban explicar las diferencias entre ambas versiones de las Islas Tintero?

Un ejemplo de las discrepancias entre la serie y el videojuego: en la serie, el diablo siente una enorme admiración por los talentos del Rey Dado para armar espectáculos.

Pero en el videojuego, el diablo no tiene problemas con demeritar e insultar al Rey Dado. Es imposible conectar ambas narrativas, así que la idea que propone el final de la serie no tiene sentido. 
Es puro señuelo para hacerle creer a la audiencia que las cosas no están tan mal escritas, pero para su desgracia, yo no me he tragado el señuelo.

Pero a ver: supongamos que yo estoy malentendiendo las cosas. Supongamos que El Show de Cuphead no planeaba ser una precuela del videojuego, sino que reescribir el videojuego a su propio modo. En caso de que ese fuera el plan, tengo una pequeñísima pregunta: ¡¿POR QUÉ NO HICIERON ESO DESDE EL COMIENZO, EN VEZ DE DESPERDICIAR 36 EPISODIOS EN PURO SET-UP?!

La última vez que me fijé, Netflix no regala dinero. El Show de Cuphead tenía un presupuesto fijo con el cual trabajar, y si el plan era “ganarse los corazones de los fans con el presupuesto inicial, y luego suplicar por más presupuesto para el verdadero espectáculo”, necesito cuestionar la mentalidad de la gente a cargo del proyecto.

Porque si el objetivo era “ganar tan buena fama que Netflix aceptaría financiar al menos otros 12 episodios”, no estoy segura de que el mejor curso de acción fuese replantear el lore en la primera tanda, introducir semi-serialización y desarrollo de personaje en la segunda tanda, remover la semi-serialización y volver insoportable al protagonista en la tercera tanda, e implicar una re-replanteación de lore en caso de conseguir una cuarta tanda de episodios.

Ustedes han de disculparme si ese último párrafo sonó revuelto, pero ese es justamente el problema de El Show de Cuphead: que sus ideas están demasiado revueltas. A veces tenemos un formato episódico y a veces tenemos un formato semi-serializado. A veces los personajes reciben desarrollo y a veces no lo reciben. A veces se intenta plantear una precuela consistente con el videojuego y a veces se plantea una reinterpretación del videojuego.

Más allá de la comedia, la inalterable personalidad del protagonista, y la estética de la Era Dorada de la Animación Estadounidense, es obvio que El Show de Cuphead no sabe lo que quiere ser. Cada tanda intenta hacer algo distinto sin mantener coherencia entre ellas (más allá de la presencia de sus personajes principales), y eso la hace quedar mal.

Y por eso me alegro de que nunca haya existido una cuarta tanda.

Con el desorden que representaron las tres tandas existentes, simplemente me cuesta imaginar a la hipotética cuarta tanda como un buen producto. Lo lamento, pero mi confianza en los escritores murió cuando la tercera tanda inició del modo en que inició. Si decides gastar 36 episodios para establecer tu mundo, tu género literario y tu tono narrativo, sólo para no establecer nada concreto al final, algo me dice que no estás listo para ir un paso más allá.

CONCLUSIÓN

Utilizando mis calificaciones personales, el promedio final que yo le doy a esta caricatura es un 8/10, y ese para nada es un mal promedio. Supongo que todo depende del lente con que analices la serie.

Si estás buscando simplemente reírte con un show de comedia al estilo de los viejos tiempos, yo digo que El Show de Cuphead encajará a la perfección con tu criterio. La primera tanda tiene uno que otro fallo debido a que los escritores están apenas calentando motores, pero a partir de la segunda tanda, no hay un solo episodio cuya comedia sea floja.

Si estás esperando un homenaje realmente comprometido con lo que fue la Era Dorada de la Animación Estadounidense, disfruta de los episodios 1-12, 14-24, 27-31, 33, y 36. Los episodios que omitirás son los más cargados de lore y continuidad, por lo que podrás conservar esa sensación de “una caricatura de antaño, pero en HD”.

Y por último, si quieres ver una caricatura que combine lo mejor de las filosofías antiguas y modernas para hacer animación… mejor mantén bajas tus expectativas. En mi opinión, la serie se viene cuesta abajo en ese aspecto al iniciar la tercera tanda, por lo que mi recomendación sería ver las tandas 1 y 2 al completo, y luego ver sólo los episodios 26 y 32-36 de la tercera tanda.

En cuanto a mis personajes y episodios favoritos, creo que es fácil catalogarlos de la siguiente forma:

– MUGMAN: el hermano taza superior, y no acepto contraargumentos. Los episodios 4, 10, 15, 18 y 19 son sus mejores actuaciones. Especialmente el episodio 19, el cual tiene mi escena favorita del show entero.
– EL REY DADO: casi no hablé de él porque tiene muy poquitos episodios, pero siempre que aparece, es un deleite de villano. Los episodios en cuestión son el 5, el 20 y el 33.
– EL DIABLO: aunque detesto el blanqueamiento de personalidad que le hicieron en la tercera tanda, no negaré que su carisma está casi a la altura del Rey Dado. La lista de episodios sería 1, 8, 9, 25, 26, 28 y 29.
– OTROS EPISODIOS QUE DISFRUTÉ MUCHO: aunque no se centran en mi trío predilecto, sí tienen una trama y una comedia de mi agrado. Aquí dejo a los episodios 11, 22 y 28.

Esta es mi escena favorita del show entero. Si quieren descubrir el contexto, los invito a que vean el episodio 19 por cuenta propia.

Para cerrar esta serie de publicaciones, quiero reafirmar una última vez que mis quejas acerca de El Show de Cuphead son subjetivas, y no deberían representar un juicio malicioso a quienes opinen distinto a mí. De hecho, sé de buena fe que yo soy la excepción en cuanto a opiniones de esta serie: pregúntale a cualquier otra persona en Internet, y de seguro sólo sabrán decirte cosas positivas al respecto.

Mis quejas acerca de El Show de Cuphead surgen de mi incapacidad de soportar a un show de comedia autodestruyendo su potencial de ir un paso más allá. El hecho de que Cuphead nunca cambie y de que la tercera tanda anule los avances de la segunda son lo que me arruina la experiencia. Pero ese es un problema mío.

La animación es preciosa, el diseño de fondos y de personajes es admirable, y la música es más que disfrutable. Si puedes ignorar los defectos de escritura que yo describí en esta serie de publicaciones, estoy segura de que gozarás El Show de Cuphead al menos cinco veces más de lo que yo lo gocé.

Eso es todo de mi parte. Espero que este viaje al mundo de la nostalgia haya sido de su agrado. ¡Muchas gracias por leer! ¡Hasta la próxima, cuídense y tengan un gran día!