domingo, 6 de septiembre de 2026

“El Show de Cuphead”: una hermosa serie animada que corrió, saltó… y se cayó de boca [Parte 3 de 3]

Fandom: Cuphead.
Nivel de conocimiento previo requerido: Bajo o nulo.
Tiempo estimado de lectura: 21 minutos.

[Haz clic aquí para leer la Parte 2]

¿POR QUÉ “EL SHOW DE CUPHEAD” ME PERDIÓ?

Al comienzo de esta serie de publicaciones, referencié el hecho de que el ascenso y la caída de El Show de Cuphead me recuerdan bastante al ascenso y la caída de Sonic Prime. Pues bien: hay un párrafo en mi opinión de la tercera tanda de Sonic Prime que se quedó especialmente atascado en mi mente cuando lo escribí, así que voy a traerlo de vuelta por lo bien que encaja con El Show de Cuphead:

“Si somos objetivos, las señales de que esta tercera tanda de episodios sería mala aparecieron desde la tanda #2. En retrospectiva, supongo que todos fingimos estar ciegos ante esas señales debido a la esperanza colectiva. Pero tras semejante final, muchos abandonamos las gafas que nos hacían ver todo de color rosa, y nos dimos cuenta de que estábamos sobreestimando a Sonic Prime.”

Al hablar de la segunda tanda de El Show de Cuphead, mencioné de manera superficial que hubo UN SOLO EPISODIO MALO. Quiero que nos enfoquemos en ese episodio, para que veamos cómo inició la bola de nieve que aplastó a la tercera tanda.

El episodio en cuestión es el 24, y se titula “Perdidos en el bosque”. La historia trata de Cuphead y Mugman yendo a buscar nueva leña para el invierno, pues la leña que Don Tetera había recolectado fue destruida por Cuphead, en un intento de evadir la labor de cortarla en trozos aptos para la chimenea.

El episodio 24 inicia con Cuphead volando en pedazos la leña que Don Tetera le pidió que cortara, pues tiene pereza de trabajar.

Este es uno de los tantos episodios en la serie cuya problemática brota de la irresponsabilidad, impulsividad e irreverencia de la taza de rojo. También es uno de tantos episodios donde Mugman debe pagar por los platos rotos de Cuphead. Supongo que desde aquí pueden ir adivinando por dónde va mi argumento

El chiste recurrente de Perdidos en el bosque es que Cuphead no deja de jugar con mini-cohetes de dinamita, quemando todo el trabajo que Mugman hace por él. Una vez que la taza de rojo se queda sin madera para mandar a la estratósfera, decide mandar también las hachas que Don Tetera les prestó. Y para cerrar con broche de oro, Cuphead también manda a volar la brújula con la que él y su hermano se estaban guiando.

¿Y qué es lo primero que sale de la boca de Cuphead cuando Mugman le grita que su pequeño juego con cohetes los ha dejado perdidos a ambos en el bosque? “Eh, no estoy muy preocupado”. ESA FRASESITA es la frase característica de Cuphead en este show, y también es la ruina de mi existencia cuando se trata de analizar sus episodios.

La personalidad entera de Cuphead se puede resumir en “Eh, no estoy muy preocupado”, y ese es el problema. Este chamaco es el causante de por lo menos la mitad de las desgracias que vive su familia, porque nada le preocupa a él.

Esta es la cara que Cuphead suele poner cuando suelta su frase en medio de un problema serio. Casi puedo escucharlo en mi cabeza sólo de ver la imagen...

¿Cuphead está jugando en un carnaval propiedad del diablo? “Eh, no estoy muy preocupado”. ¿Cuphead le rompió el asa a Mugman por accidente? “Eh, no estoy muy preocupado”. ¿Cuphead se comió todos los dulces de Mugman? “Eh, no estoy muy preocupado”. Y así podría seguir y seguir, pero supongo que ustedes ya captaron la idea: este chamaco es incapaz de preocuparse por algo a menos que afecte su propia felicidad inmediata o su orgullo.

Este problema con la escritura de Cuphead está presente desde el episodio 1, pero pasa desapercibido porque las problemáticas que la taza libera no son tan graves. Por ejemplo, retomando la listita del párrafo anterior, el diablo no es un villano competente, el asa se puede pegar con pegamento, y los dulces se pueden volver a comprar. Aunque Cuphead es un cretino, cuando menos sus ocurrencias no suelen pasar de “molestias temporales”.

“Perdidos en el bosque” es la primera ocasión en que las locuras de Cuphead tienen consecuencias duras: un invierno sin leña en la Gran Depresión es prácticamente una sentencia de muerte. Y aun así, la taza de rojo no aprende su lección.

Enojado por la falta de precaución de su hermano, Mugman se va por su propio camino y deja solo a Cuphead en el bosque. Gracias a que la taza de azul sí sabe sobrevivir por cuenta propia (el efecto más obvio de tener sentido de responsabilidad), el perderse en el bosque no le afecta porque puede construir una pequeña cabaña y cocinar con frutos silvestres. Mientras tanto, Cuphead casi se muere de hambre y frío porque está acostumbrado a que los demás arreglen sus desastres.

Cuphead suplicándole a Mugman que lo deje entrar a su cabaña, a lo que su hermano de azul le responde que no lo hará hasta que compense el hecho de dejarlos perdidos en el bosque.

En el clímax del episodio, Cuphead le roba a Mugman su cabaña y comida. La taza de azul llega a su límite, e intenta vengarse utilizando los mismos cohetes que iniciaron esta locura para volar en pedazos la cabaña. Sin embargo, Cuphead escapa antes de estallar, por lo que ahora ambos niños se quedan sin nada otra vez.

El episodio termina con Don Tetera encontrando a sus chamacos, revelando que él ya cortó nueva leña porque ellos se estaban tardando mucho en volver, y llevándolos de vuelta a casa. Pero como Cuphead nunca aprende su lección y es vengativo a más no poder, esto es lo primero que hace una vez que regresa a la seguridad de su patio frontal:

Sí, esto es lo primero que Cuphead hace en cuanto vuelve a estar a salvo. Quiero que digieran muy bien esta imagen en sus cabezas. Aprecien con atención lo que implica: Cuphead puede hacer lo que quiera, y los demás tienen que aguantarse.

Ver este episodio me hizo notar que, incluso en la tanda anterior, el tropo siempre era ese: Cuphead hacía alguna pillería, sus seres queridos trataban de remediar los efectos, y si fallaban, un deus-ex-machina aparecía para encargarse. Sin importar que la solución llegara de manos de Mugman, de Don Tetera o de un guionazo, una constante siempre se mantenía: Cuphead no sufría consecuencias ni mejoraba su actitud.

Supongo que eso explica por qué él y Chalice se llevan tan bien, por qué Mugman tiene tan poca tolerancia a la frustración, y por qué los escritores preferían escribir acerca de cualquier otro miembro del cast principal. No sé por qué todo el mundo (incluyendo el condenado diablo) tuvo el derecho de recibir desarrollo de personaje, mientras el protagonista principal sólo tuvo una involución de personaje, pero es lo que hay.

Ahora bien: si alguno de ustedes es un nerd de la animación igual o superior a mí (algo muy fácil de lograr), de seguro esté formando la hipótesis de que “Cuphead no tuvo desarrollo de personaje porque la serie está inspirada en las caricaturas de los 1920s y 1930s”. Ante este argumento, yo les presento dos contraargumentos:

1.- APLICAR ESA REGLA SÓLO AL PROTAGONISTA ES MALA ESCRITURA

Es imposible declarar que El Show de Cuphead pertenece al mismo género que los cortometrajes de Fleischer, los Laugh-O-Grams y las Silly Symphonies de Disney, y los Looney Tunes pre-Porky”. Afirmar esto sería como decir que Mugman, Chalice y el diablo no tuvieron desarrollo de personaje, y por lo tanto, sería negar la realidad.

Para poder decir que El Show de Cuphead sigue la misma línea de sus inspiraciones, la segunda tanda debió haber sido tan episódica como su predecesora. Pero en el momento en que los escritores decidieron que el episodio 13 sería el comienzo de una semi-serialización, ellos mismos cambiaron las reglas.

Por como están las cosas, Cuphead es un personaje de estilo Fleischer 1930… rodeado de personajes de estilo MGM 1950. Eso, lo veas por donde lo veas, es mala escritura. O le quitas el desarrollo al resto del cast, o le das desarrollo a Cuphead. No puedes tener ambas cosas a la vez si quieres mantener un equilibrio narrativo sólido.

Cuphead es como como un típico personaje de hace 100 años: unidimensional y que sufre consecuencias leves por sus actos caricaturescos.
Para quienes tengan curiosidad, esta imagen proviene del cortometraje "Mysterious Mose", de 1930.

Mientras tanto, el resto de los personajes en la serie parecen algo de hace 75 años: bidimensionales y que sufren consecuencias proporcionales a sus actos caricaturescos.
La imagen proviene del cortometraje "The Two Mouseketeers", de 1952.

2.- LAS CARICATURAS DE 1920-1939 NO ERAN PROTAGONIZADAS POR CRETINOS

Aunque el estereotipo dicte que “el protagonista promedio de una caricatura de hace 100 años siempre es un descarado”, aquellos que en serio han estudiado el tema saben que esa es una grotesca simplificación. La cosa no es tan simple como tachar a todos esos personajes de antaño como “irreverentes”, sino en encontrar el modo de justificar su irreverencia.

Algunos protagonistas son justificados porque están aplicando una venganza caricaturesca, otros son justificados porque son mentalmente incapaces de razonar lo que están haciendo, y otros son justificados porque tienen un rol villanesco explícito. El ser una persona malcriada sin motivo es algo desagradable en la actualidad y fue desagradable hace 90 años: eso no ha cambiado y nunca cambiará.

Y si quieren pruebas, por favor vean algún día el cortometraje de 1940 titulado “Elmer’s Candid Camera”, alias ‘el cortometraje que casi mató a Bugs Bunny’. El modo en que Happy Rabbit actúa ahí se parece demasiado al modo en que Cuphead actúa en su serie, así que si Happy Rabbit fue tan repudiado que lo mandaron a rebootearle la personalidad, no veo por qué Cuphead no merecería el mismo juicio.

Elmer's Candid Camera es considerado por muchos como una de las mayores bazofias realizadas por Bugs Bunny (aunque todavía ni siquiera se llamara así). De no ser porque Tex Avery se puso la capa de superhéroe y replanteó al personaje por completo unos meses después, este pudo haber sido su detestable final.

Así es como llegamos, por fin, a aquella escena final del episodio 36 que me he estado guardando. En la publicación anterior hablé acerca del diablo y Chalice robándose el gran final de la serie, y de Cuphead haciendo la salvada definitiva con una apuesta basada en piedra, papel y tijeras. También mencioné que el episodio se aseguró de mostrar con total explicitud que Cuphead siempre sale ganando porque tiene al guion de su lado.

Entonces, sabiendo que la taza roja nunca aprenderá su lección, que sus seres queridos son los que pagan las consecuencias, y que el guion jamás permitirá que su protagonista sufra por sus irresponsables actos, podemos hablar de esa escena final.

Después de su victoria contra el diablo, las dos tazas y el cáliz tienen una casual caminata por los campos verdes de las Islas Tintero. Ha pasado un mes desde aquella decisiva competencia de baile, y para festejar, los tres niños disfrutan de un helado mientras reflexionan acerca de la lección que aprendieron: no hacer tratos con el diablo.

En eso, su caminata los lleva a toparse con un llamativo cartel con luces. Al parecer, el diablo ha abierto un casino, seguramente para reemplazar el carnaval que Cuphead y Mugman destruyeron en el episodio 1. Desde luego, considerando lo que nuestros protagonistas estaban conversando hace diez segundos, la decisión unánime es dar media vuelta y continuar su paseo por otro camino.

Mugman, Chalice y Cuphead viendo el letrero que indica hacia dónde está el casino del diablo.

Excepto que eso no es lo que ocurre, porque en cuanto Cuphead lee el cartel, sale corriendo hacia el casino con una risa medio maniática, entusiasmado por meterse en un nuevo lío cuyas consecuencias de seguro no le preocuparán mucho. Mugman y Chalice van corriendo detrás de la taza de rojo para impedir que cometa una nueva estupidez, y con ese encuadre de los protagonistas corriendo hacia el casino del diablo, el show termina en un final abierto.

La escena final del show: Cuphead yendo al casino del diablo con total euforia,...

Hay muchas cosas mal con este final. Si hubiese visto la escena de manera aislada, sin tener el contexto del resto del show, me habría parecido un final cómico para una serie igualmente cómica. Pero como sí tengo el contexto, no puedo evitar sentir que una mano de caricatura ha salido de la pantalla para darme una bofetada.

Comencemos con lo más obvio: esta es la prueba definitiva de que Cuphead jamás aprenderá su lección.

La escena ocurre en el mismo episodio que confrontó a la taza de rojo con la posibilidad de perder a su única amiga, a lo que él respondió con una apuesta de piedra, papel y tijeras. También ocurre exactamente una tanda después de que la taza de rojo enfrentase el riesgo de perder a su hermano, cosa a la que él respondió siendo tan caótico que el mismísimo diablo pidió buscar una alternativa pacífica.

...mientras Mugman y Chalice se quedan atrás, en espera de que les caiga un nuevo infortunio.

Ahora, después de un mes de existencia pacífica la cual todos expresan que ha sido maravillosa gracias a que no han vuelto a ver al diablo, el primer instinto de Cuphead tras ver un letrero que dice dónde está el diablo es ir hacia él. Como ya me desahogué hace unos párrafos, no verán más quejas intensas de mi parte por este asunto, pero supongo que ustedes tampoco necesitan más explicaciones.

La otra cosa que me irrita de esta escena es la sutil insinuación de que El Show de Cuphead es una precuela al videojuego de Cuphead: No Hagas Tratos con el Diablo.

Primero que nada, ¿qué pasó con todo el lore que estuvimos armando en el show? ¿Qué pasó con la idea de que la caricatura funcionaba con sus propias reglas e historias? Si suponemos que El Show de Cuphead siempre estuvo pensado para ser una precuela al videojuego original, ¿cómo planeaban explicar las diferencias entre ambas versiones de las Islas Tintero?

Un ejemplo de las discrepancias entre la serie y el videojuego: en la serie, el diablo siente una enorme admiración por los talentos del Rey Dado para armar espectáculos.

Pero en el videojuego, el diablo no tiene problemas con demeritar e insultar al Rey Dado. Es imposible conectar ambas narrativas, así que la idea que propone el final de la serie no tiene sentido. 
Es puro señuelo para hacerle creer a la audiencia que las cosas no están tan mal escritas, pero para su desgracia, yo no me he tragado el señuelo.

Pero a ver: supongamos que yo estoy malentendiendo las cosas. Supongamos que El Show de Cuphead no planeaba ser una precuela del videojuego, sino que reescribir el videojuego a su propio modo. En caso de que ese fuera el plan, tengo una pequeñísima pregunta: ¡¿POR QUÉ NO HICIERON ESO DESDE EL COMIENZO, EN VEZ DE DESPERDICIAR 36 EPISODIOS EN PURO SET-UP?!

La última vez que me fijé, Netflix no regala dinero. El Show de Cuphead tenía un presupuesto fijo con el cual trabajar, y si el plan era “ganarse los corazones de los fans con el presupuesto inicial, y luego suplicar por más presupuesto para el verdadero espectáculo”, necesito cuestionar la mentalidad de la gente a cargo del proyecto.

Porque si el objetivo era “ganar tan buena fama que Netflix aceptaría financiar al menos otros 12 episodios”, no estoy segura de que el mejor curso de acción fuese replantear el lore en la primera tanda, introducir semi-serialización y desarrollo de personaje en la segunda tanda, remover la semi-serialización y volver insoportable al protagonista en la tercera tanda, e implicar una re-replanteación de lore en caso de conseguir una cuarta tanda de episodios.

Ustedes han de disculparme si ese último párrafo sonó revuelto, pero ese es justamente el problema de El Show de Cuphead: que sus ideas están demasiado revueltas. A veces tenemos un formato episódico y a veces tenemos un formato semi-serializado. A veces los personajes reciben desarrollo y a veces no lo reciben. A veces se intenta plantear una precuela consistente con el videojuego y a veces se plantea una reinterpretación del videojuego.

Más allá de la comedia, la inalterable personalidad del protagonista, y la estética de la Era Dorada de la Animación Estadounidense, es obvio que El Show de Cuphead no sabe lo que quiere ser. Cada tanda intenta hacer algo distinto sin mantener coherencia entre ellas (más allá de la presencia de sus personajes principales), y eso la hace quedar mal.

Y por eso me alegro de que nunca haya existido una cuarta tanda.

Con el desorden que representaron las tres tandas existentes, simplemente me cuesta imaginar a la hipotética cuarta tanda como un buen producto. Lo lamento, pero mi confianza en los escritores murió cuando la tercera tanda inició del modo en que inició. Si decides gastar 36 episodios para establecer tu mundo, tu género literario y tu tono narrativo, sólo para no establecer nada concreto al final, algo me dice que no estás listo para ir un paso más allá.

CONCLUSIÓN

Utilizando mis calificaciones personales, el promedio final que yo le doy a esta caricatura es un 8/10, y ese para nada es un mal promedio. Supongo que todo depende del lente con que analices la serie.

Si estás buscando simplemente reírte con un show de comedia al estilo de los viejos tiempos, yo digo que El Show de Cuphead encajará a la perfección con tu criterio. La primera tanda tiene uno que otro fallo debido a que los escritores están apenas calentando motores, pero a partir de la segunda tanda, no hay un solo episodio cuya comedia sea floja.

Si estás esperando un homenaje realmente comprometido con lo que fue la Era Dorada de la Animación Estadounidense, disfruta de los episodios 1-12, 14-24, 27-31, 33, y 36. Los episodios que omitirás son los más cargados de lore y continuidad, por lo que podrás conservar esa sensación de “una caricatura de antaño, pero en HD”.

Y por último, si quieres ver una caricatura que combine lo mejor de las filosofías antiguas y modernas para hacer animación… mejor mantén bajas tus expectativas. En mi opinión, la serie se viene cuesta abajo en ese aspecto al iniciar la tercera tanda, por lo que mi recomendación sería ver las tandas 1 y 2 al completo, y luego ver sólo los episodios 26 y 32-36 de la tercera tanda.

En cuanto a mis personajes y episodios favoritos, creo que es fácil catalogarlos de la siguiente forma:

– MUGMAN: el hermano taza superior, y no acepto contraargumentos. Los episodios 4, 10, 15, 18 y 19 son sus mejores actuaciones. Especialmente el episodio 19, el cual tiene mi escena favorita del show entero.
– EL REY DADO: casi no hablé de él porque tiene muy poquitos episodios, pero siempre que aparece, es un deleite de villano. Los episodios en cuestión son el 5, el 20 y el 33.
– EL DIABLO: aunque detesto el blanqueamiento de personalidad que le hicieron en la tercera tanda, no negaré que su carisma está casi a la altura del Rey Dado. La lista de episodios sería 1, 8, 9, 25, 26, 28 y 29.
– OTROS EPISODIOS QUE DISFRUTÉ MUCHO: aunque no se centran en mi trío predilecto, sí tienen una trama y una comedia de mi agrado. Aquí dejo a los episodios 11, 22 y 28.

Esta es mi escena favorita del show entero. Si quieren descubrir el contexto, los invito a que vean el episodio 19 por cuenta propia.

Para cerrar esta serie de publicaciones, quiero reafirmar una última vez que mis quejas acerca de El Show de Cuphead son subjetivas, y no deberían representar un juicio malicioso a quienes opinen distinto a mí. De hecho, sé de buena fe que yo soy la excepción en cuanto a opiniones de esta serie: pregúntale a cualquier otra persona en Internet, y de seguro sólo sabrán decirte cosas positivas al respecto.

Mis quejas acerca de El Show de Cuphead surgen de mi incapacidad de soportar a un show de comedia autodestruyendo su potencial de ir un paso más allá. El hecho de que Cuphead nunca cambie y de que la tercera tanda anule los avances de la segunda son lo que me arruina la experiencia. Pero ese es un problema mío.

La animación es preciosa, el diseño de fondos y de personajes es admirable, y la música es más que disfrutable. Si puedes ignorar los defectos de escritura que yo describí en esta serie de publicaciones, estoy segura de que gozarás El Show de Cuphead al menos cinco veces más de lo que yo lo gocé.

Eso es todo de mi parte. Espero que este viaje al mundo de la nostalgia haya sido de su agrado. ¡Muchas gracias por leer! ¡Hasta la próxima, cuídense y tengan un gran día!

domingo, 30 de agosto de 2026

“El Show de Cuphead”: una hermosa serie animada que corrió, saltó… y se cayó de boca [Parte 2 de 3]

Fandom: Cuphead.
Nivel de conocimiento previo requerido: Bajo o nulo.
Tiempo estimado de lectura: 24 minutos.

[Haz clic aquí para leer la Parte 1] / [Haz clic aquí para leer la Parte 3]

SEGUNDA TANDA: EL SHOW DE… ¿MUGMAN?

Por norma general, una serie animada jamás alcanza su calidad máxima desde su inicio. Los escritores apenas están agarrándole el truco a la historia, los animadores apenas están agarrándole el truco al estilo de dibujo, y así sucesivamente con cada departamento involucrado en la producción.

Por eso, cuando juzgo una serie animada, mis criterios suelen ser más blandos durante su primera parte. Una vez llegamos al segmento intermedio, me pongo más estricta porque confío en que el crew tendrá mejor dominado su arte. La segunda tanda de El Show de Cuphead recibirá algo más escrutinio de mi parte, pero no teman, porque les aseguro que la serie sobrevivió a casi toda mi rúbrica.

Algo que no mencioné antes es que la primera tanda de El Show de Cuphead finaliza con los dos hermanitos en la cárcel. Para no alargarles el cuento, resulta que la Chalice de este universo es una delincuente juvenil, capaz de salirse con la suya en cualquier situación gracias a que es adorable. Cuphead y Mugman intentan unirse a ella para conseguir cosas gratis, pero como no poseen el “factor encantador” de Chalice, son aprisionados.

Cuphead y Mugman siendo arrojados a prisión en el final de la primera tanda.

Como yo me encontraba bajo la idea de que “esta es una caricatura episódica”, pensé que el final del episodio 12 era un simple final cómico. Nada distinto a los episodios de Bob Esponja que terminan con Calamardo, la Señora Puff u otros personajes yendo a la cárcel. Por lo tanto, creo que ustedes podrán imaginar mi sorpresa cuando el episodio 13 inició con los chamacos todavía en la cárcel.

Cuphead y Mugman todavía estando en la cárcel al comienzo de la segunda tanda.

¡Esta es exactamente la clase de subida de nivel que me gusta en mis series animadas: pasar de un formato episódico a uno semi-serializado! ¡Ahora sí estábamos por iniciar con lo interesante!

Incluso comenzamos a ver unos cuantos chistes recurrentes espolvoreados a lo largo de la tanda, como una pequeña forma de referenciar eventos pasados y recordarnos que, en efecto, ya no estamos utilizando un formato episódico. Véase, por ejemplo, el chiste de Mugman creyéndose un pirata, o el diablo repasando cada derrota que ha sufrido a lo largo del show.

En cuanto a episodios completos con relevancia a futuro, nuestra lista es cortita pero interesante.

Los primeros dos episodios de la tanda (o sea, el 13 y el 14 del conteo global) se enfocan en resolver los cabos sueltos dejados por Chalice: nuestras dos tazas escapan de la cárcel, y tras reencontrarse con la estafadora infantil, tienen una nueva aventura que culmina con ellos descubriendo que ella es un fantasma. Como ninguno de los tres tenía amigos hasta ahora, desde ahora la relación que tienen es casi como de familia.

Los hermanos taza reaccionando ante la revelación de que Chalice es una fantasma.

El próximo episodio con importancia es el octavo de la tanda (o sea, el episodio 20 de la serie completa). En ese episodio, el diablo y el Rey Dado de nuevo intentan pero fracasan en la recolección del alma de Cuphead. La diferencia es que descubrimos que las deudas de almas tienen fecha de caducidad, y como la deuda de Cuphead ha caducado, el diablo ya no tiene derecho a quitarle ni el polvo de los zapatos.

El diablo reaccionando a la regla que dice que "si no recolecta un alma deudora en 30 días, la deuda queda perdonada". Así es: parece que hasta el diablo se rige por mandatos burocráticos. Comedia, damas y caballeros.

La cuestión es que, como todo buen cristiano sabe, el diablo no sería el diablo si no pecara de soberbio. Incluso si la deuda de Cuphead ha sido expurgada, el hecho de haber pasado tanto tiempo sin tener éxito le ha pegado directo en el orgullo al cornudo. Da igual si ya no puede cobrar nada, porque a partir de este episodio, lo vemos ensañado con Cuphead a un nivel no laboral, sino personal.

El último episodio de la tanda con importancia para el futuro es el episodio 25, pero para que comprendamos mejor su valor, mejor retrocedamos un poco.

Si en la primera tanda dije que había episodios buenos y malos por igual, la segunda tanda corrigió ese detalle. Sólo existe UN EPISODIO MALO en este conjunto, y eso eleva bastante la cantidad de disfrute que sacas de él. Además, aunque los personajes secundarios del videojuego se mantienen igual de insignificantes que en la primera tanda, ahora es mucho más fácil ignorarlo debido a que el mundo a su alrededor se ha vuelto tan rico.

Y en medio de toda esta montaña de mejoras para El Show de Cuphead, resalta una cierta tacita de azul, que se roba un tercio de la tanda por su rol notoriamente protagónico y su superioridad narrativa. Seamos honestos, amigos: lo que hizo tan memorable a este conjunto de episodios fue el marcado desarrollo de Mugman.

En la primera tanda, Mugman era una simple contraparte para Cuphead: mientras el hermano de rojo es intrépido y suele iniciar los problemas, el hermano de azul es la inocente palomita que debe soportar y arreglar dichos problemas. Mugman tiene una pizca de identidad mediante su pánico escénico y sus ocasionales momentos de bravura, pero de todos modos no es la gran cosa.

Esta imagen es un buen resumen de la relación entre los hermanos taza: Mugman sufre las consecuencias de las travesuras, mientras Cuphead sólo se disculpa apenado e inicia una nueva travesura para resolver la anterior. Y mientras tanto, la taza de azul debe seguirle el juego a su hermano porque él es el protagonista principal del show.

Pero en la segunda tanda, Mugman está al frente y al centro de un tercio de los episodios, y ni uno solo de ellos falla. Gracias a esta tremenda subida de protagonismo, descubrimos que la taza azul puede ser igual de tremenda que su hermano. La diferencia es que mientras Cuphead es travieso porque nada le importa, Mugman es explosivo cuando tiene una sobrecarga de preocupaciones.

Ya sea porque Cuphead le quitó su oportunidad de ser famoso, porque un heladero le spoileó el final de un libro, o porque un pirata le pidió ayuda para conquistar a su amada, Mugman destaca en estos episodios por su inesperado atrevimiento, astucia y, a veces, locura. Si él ya era un personaje destacable en la primera tanda gracias a su actor de voz y sus congelamientos de pánico, en la segunda tanda se convirtió en el protagonista de incontables memes, compilaciones y fanarts. La taza de azul se robó el show.

Este fotograma de un episodio de la segunda tanda se volvió un meme viral en aquel entonces, y supongo que todos pueden entender el motivo. El Show de Cuphead está lleno de caras graciosas como esta, y en la segunda tanda, Mugman fue el más favorecido por ellas.

Y fue justo porque Mugman recibió tanta tridimensionalidad a lo largo de la tanda, que todos nos estábamos preguntando cuándo iba a ser el turno de Cuphead para volverse más que “un mocoso irreverente y travieso”. Ahí fue cuando el episodio 25 entró en acción.

El episodio 25 arranca mostrándonos las consecuencias de la racha de mala suerte que el diablo ha tenido con los hermanos taza. La mayoría de los encuentros de los protagonistas y el antagonista se han dado en espacios públicos, por lo que ahora nadie en las Islas Tintero le teme al diablo. Para sacar a su jefazo de la depresión, Secuaz le sugiere volver a su rutina pre-Cuphead y salir a cometer diabluras para otras personas que no sean la taza roja.

El consejo funciona, pero el diablo queda tan entusiasmado con su regreso al estrellato que olvida su tridente en la superficie. Minutos después, Cuphead y Mugman pasan por donde el diablo dejó su preciada arma, y desde luego, ambos hacen la cosa más prudente que son capaces de hacer: llevarse el tridente y hacer travesuras con su poder.

Cuphead y Mugman jugando con el tridente del diablo, y dejando sólo cenizas por donde quiera que pasan.

Al final del episodio, el diablo por fin encuentra a las tazas y les pide amablemente que le devuelvan su parafernalia. Pero Cuphead, en su infinita irreverencia, no sólo no regresa el tridente, sino que lo utiliza para gastarle unas cuantas bromas al diablo que culminan en su electrocución.

Si este fuera el diablo de episodios anteriores, emocionalmente vulnerable por la deuda que no pudo cobrar, la situación terminaría en otra derrota cómica en su historial. Pero como esto ocurre justo en el episodio enfocado en devolverle la autoestima, el episodio culmina con una espeluznante declaración de su parte: “Has tomado algo de gran valor para mí, así que yo he de tomar algo de gran valor para ti”.

Como Cuphead sigue en su mentalidad de ‘intocable al que nada le importa’, simplemente se encoje de hombros y responde que “No hay nada que me puedas quitar que me preocupe”. Un instante después, la taza de rojo se queda sola en la escena: el diablo no está, Secuaz no está… y Mugman tampoco está. Con una risa malvada, el diablo se lleva a la taza de azul al averno, terminando el episodio con un cliffhanger en el que nuestro personaje principal se ha quedado sin la única cosa en el universo que sí le importa.

El diablo llevándose a Mugman, en retribución porque Cuphead no quiso devolverle su tridente. Si tienen la oportunidad, vean esta escena en el doblaje original en inglés, porque el actor de voz del diablo se lució más de lo habitual aquí.

Sin palabras. Mi calificación para la segunda tanda de El Show de Cuphead, la cual abarca los episodios 13–25, es un solidísimo 9.5/10. De no ser por un único episodio malo (del cual hablaremos más a fondo en la tercera parte de esta trilogía de publicaciones), esta sería la definición de “perfección” para una serie de este género. Los personajes han sido mejorados en su mayoría, la escritura ha sido pulida en casi todo aspecto, y la semi-serialización ha sido ejecutada sin error alguno.

TERCERA TANDA: EL SHOW DE… ¡¿EL DIABLO Y CHALICE?!

Después del tremendo cliffhanger de la tanda anterior, el fandom de Cuphead estaba eufórico. ¿Qué nos iba a esperar en esta nueva tanda? ¿Cuphead por fin tendría su desarrollo de personaje? ¿Habría una pelea contra el diablo? ¿Mugman perdería su alma durante su aprisionamiento en el infierno? ¿Don Tetera se enteraría de que sus chamacos han estado teniendo aventuras endiabladas durante 25 episodios? ¿La serie por fin se alinearía al menos un poco con el videojuego?

Llegó el episodio 26 y… digamos que hubo algunos problemillas.

El episodio arranca con Cuphead lloriqueándole a Don Tetera por un minuto, pero sin decirle la razón de su lloriqueo. Una vez que se le han terminado las lágrimas, la taza de rojo va a buscar el modo de ir al infierno para rescatar a su hermano. Hablando de él, Mugman tiene una estadía sorprendentemente agradable en el tártaro, porque no debemos olvidar que esta es una comedia con ligeros tintes macabros.

Mugman en el infierno, feliz de conocer sus nuevos alrededores a pesar de que no sean agradables. Comedia, damas y caballeros.

Una vez que Cuphead llega al infierno, él y Mugman tienen una persecución mientras intentan escapar del diablo. Dicha persecución es lo más entretenido del episodio, pues representa lo más cercano que tendremos a una referencia genuina al videojuego.

Aquí las tazas no pueden disparar energía con sus dedos, pero como Cuphead todavía tiene el tridente, puede distraer y retener al diablo en un par de ocasiones. Por su parte, aunque el diablo no puede utilizar la mitad de su arsenal, sí puede cambiar de forma a voluntad para darle caza a los hermanitos. ¡Algunas de sus transformaciones incluso son iguales al videojuego!

Eventualmente, Cuphead y el diablo llegan a la conclusión de que están destinados a empatar una y otra vez si se mantienen en su conflicto de “tridente vs transformaciones”, así que eligen terminar las cosas como un par de seres civilizados. Mugman es canjeado por el tridente, las tazas salen del infierno intactos, y todo vuelve a la normalidad. Fin.

Cuphead y el diablo acordando intercambiar el tridente por Mugman, lo que nos dejaría en el mismo lugar en el que iniciamos al comienzo del show.

Citando al eminente doctor Heinz Doofenshmirtz, ‘¿Y… Y ya? ¿Esa es la historia desgarradora? ¿Esa es la gran tragedia?’

Digo, las referencias al videojuego estuvieron bonitas, ¿pero en serio vamos a volver al estatus quo así nada más? ¿Dónde quedó el desarrollo pendiente para Cuphead, y el desarrollo anterior para Mugman? ¿De verdad creen que me voy a contentar con un inicio de tanda tan decepcionante sólo porque “hubo referencias al videojuego”?

Así como lo oyen: la tercera tanda de El Show de Cuphead es un regreso al formato episódico de la primera tanda. Hay una que otra referencia a eventos pasados, pero jamás volvemos a retomar la continuidad establecida en la segunda tanda. Si acaso, el diablo se mantiene neutral con las tazas ahora que ha superado su obsesión, el Rey Dado es despedido (y luego re-contratado) por falta de éxitos en su propia recolección de almas, y Chalice sigue siendo buena amiga de los protagonistas.

Unos cuantos episodios de la tercera tanda de El Show de Cuphead consisten simplemente en Chalice uniéndose a las tazas durante sus travesuras.

Cuando vi la tercera tanda por primera vez, en aquel otoño de 2022, el descubrimiento de que era un regreso a la fórmula de la tanda #1 me hizo suponer que las podría posicionar a ambas en el mismo sitio, con un 8/10.

Pero ahora que me puse a rever todos los episodios para escribir esta crítica, algo me saltó a la vista, impidiéndome quedarme contenta con ese generoso 8/10.

Haciendo cuentas, si juntamos las primeras dos tandas, el diablo sólo aparece en 6 de los 25 episodios, o sea, en poco menos del 25% de la serie. Las aventuras por las que Cuphead y Mugman pasan son tan diversas que no hay tiempo para dedicarle toda la trama a su antagonista. Eso sí: cuando el diablo aparece, nunca falla en hacer memorable al episodio.

En contraste, la tercera tanda tiene 7 episodios en los que el diablo aparece (o sea, el 63% de la tanda), y como para este punto de la serie ya no existe la deuda de Cuphead, uno tiene que preguntarse “¿Qué rayos hace este sujeto todavía aquí?” Y la respuesta a esta pregunta es… existir, supongo. 🤷

No me malinterpreten. Me mantengo firme en mi postura de que un episodio con el diablo siempre es un buen episodio de El Show de Cuphead. Pero a un nivel metanarrativo, la presencia de un antagonista que ya no antagoniza es cuanto menos cuestionable.

Después del rescate de Mugman, se podría decir que el diablo vuelve a su programación habitual. Su trabajo como recolector de almas vuelve a como era antes del episodio 1, y aunque a veces se topa con Cuphead (una mera consecuencia de que ambos vivan en las Islas Tintero), ninguno de los dos es tan mordaz como lo fueron en tandas pasadas.

En la tercera tanda de El Show de Cuphead, la taza roja y el diablo tienen una relación tan casual que incluso hay una ocasión en la que se vuelven aliados para molestar a Mugman.

Se podría decir que el diablo se vuelve un habitante más de las Islas Tintero, en lugar de actuar como lo que realmente es: el rey de los demonios. En un episodio lo vemos intentando protagonizar una obra de teatro, en otro lo vemos queriendo manipular a Santa Claus para que le dé un regalo de Navidad, y en otro lo vemos recontratando al Rey Dado porque la vida en el infierno le parece aburrida sin sus canciones.

Una vez que capté que el diablo se estaba convirtiendo en el nuevo protagonista de El Show de Cuphead, sentí que estábamos viviendo una repetición de lo ocurrido con Mugman en la segunda tanda. Mientras la taza de rojo permanecía ahí en su pequeño nicho de “hacer travesuras”, el mundo a su alrededor estaba tomando tanto cuerpo que hasta el antagonista se volvió más protagónico que él.

Y con esto dicho, podemos proceder al otro personaje que se roba los reflectores de esta tanda a un grado insultante: la señorita Chalice.

Similar al diablo, Chalice pasa de ser un personaje ocasional a uno central en este último montón de episodios, y aunque la transición de roles es más sutil con ella que con el diablo, también es la más pesada por el modo en que concluye.

Así está la cosa: en el episodio 32, la escena final nos revela que el diablo conoce a Chalice. Después, la escena final del episodio 34 muestra a Chalice siendo convocada por el diablo para algo. Destaca de ese último episodio el hecho de que, igual que con el final de la segunda tanda, concluimos en un cliffhanger. Traducción: ahora este show le está concediendo finales especiales a Chalice, mientras Cuphead sigue en donde mismo.

Chalice siendo buscada por Secuaz, pues el diablo tiene un favor que pedirle.

Luego, el episodio 35 narra cómo se conocieron Chalice y el diablo. Resulta que Chalice era una huérfana que vivía en la calle, y su medio de supervivencia primario era estafar y robar aprovechando su encanto natural. Un día, Chalice fue atropellada en medio de una de sus rutinas de baile y murió.

Al llegar el infierno, el diablo se sintió impresionado por la lista de pecados que la niña había acumulado a su corta edad. Presintiendo que un alma como la suya podría serle útil en uno que otro trabajito en la superficie, el diablo le ofreció un trato: él le daría el poder de cambiar a voluntad entre una forma física y una fantasmal, pero a cambio, ella le debería un favor. Chalice aceptó el trato, y desde entonces ha vivido su “vida” como la conocemos.

Una Chalice recién fallecida encontrándose por primera vez con el diablo.

Una vez terminado el flashback, ahora sí el episodio 35 prosigue en donde nos quedamos en el episodio 34. El diablo quiere cobrarle su favor a Chalice, y desde luego, lo que le pide es que traicione a las tazas. De nuevo, el episodio termina en un cliffhanger, por lo que el final de esta historia llega en el episodio 36.

Recuerden: este es el segundo cliffhanger que Chalice se lleva a la bolsa, por lo que ya ha superado a Cuphead en ese rubro.

El episodio 36 inicia con Chalice haciendo todo lo que puede para distraer al diablo hasta que olvide el favor que le ha pedido, pero es en vano. Si acaso, la niña descubre la debilidad que el diablo tiene por los números musicales y la atención de las masas.

Chalice intenta ejecutar el plan que el diablo le instruyó, pero cancela a último minuto porque no quiere ser el motivo de la perdición de sus dos únicos amigos. Después, utilizando su habilidad para armar engaños, la niña hace una apuesta con el diablo: ambos tendrán un duelo de baile. Si ella gana, podrá seguir existiendo como una híbrida física/fantasma sin deberle nada al diablo.

Todos los personajes de la serie (excepto Don Tetera, por conveniencia del guion) son invocados por el diablo como espectadores de la competencia de baile. El competidor que reciba más aplausos será el ganador. Chalice gana por paliza… de no ser porque se tropieza con unas canicas que Cuphead le regaló al inicio del episodio y… ¿se dan cuenta de que esta es la primera vez que menciono a Cuphead en lo que va de este resumen al episodio 36?

Cuphead disculpándose con Chalice porque sus canicas fueron lo que estropeó su victoria en la competencia de baile contra el diablo. Tomes esto como la única ocasión de la serie entera en la que Cuphead toma responsabilidad genuina por sus actos.

Si quieren, vuelvan a leer los tres últimos párrafos para que lo comprueben. He mencionado a ambas tazas en conjunto al decir que Chalice “no quiere ser el motivo de la perdición de sus dos únicos amigos”, pero eso es todo. Repito: para ser una caricatura titulada “El Show de Cuphead, vaya que Cuphead está bastante ausente.

Y supongo que los escritores también se dieron cuenta, porque cuando Chalice pierde la apuesta, nuestra taza de rojo entra en escena para hacer una nueva apuesta con el diablo. Es una apuesta estúpida, pero supongo que peor es nada: Cuphead y el diablo tendrán una ronda de piedra, papel y tijeras. Si Cuphead gana, Chalice obtiene su libertad. Si el diablo gana, podrá adueñarse de las almas de las dos tazas y el cáliz.

Obviamente, el guion determina que Cuphead debe ganar (incluso cuando el diablo pide tres revanchas), y así, todos viven felices por siempre. La tercera tanda finaliza, y con ello también finaliza la enteridad de El Show de Cuphead.

Damas y caballeros: les presento el "climático" (nótense las comillas) enfrentamiento final de Cuphead y el diablo. Admiren la mediocridad.

Ojo: técnicamente he omitido la verdadera escena final de la serie, pero llegaré a ella cuando comience mi siguiente sección de la crítica. Aquellos que hayan visto la escena antes de leer mi crítica de seguro ya saben por qué la estoy guardando para después, pero quiero hacer algo de drama para aquellos que no la hayan visto.

A ver, ¿por dónde comienzo?... ¡¿Qué rayos pasó aquí, Netflix?! ¡¿Por qué El Show de Cuphead se convirtió en “El Show de Todos Menos Cuphead”?! ¿A quién se le ocurrió que el gran final de la serie debía enfocarse en el diablo y la señorita Chalice?

De los once episodios que abarcan esta tanda, sólo TRES están protagonizados por Cuphead. Esto no me molestaría si los otros ocho episodios estuviesen bien repartidos entre el resto de los personajes principales, pero con el diablo devorando la primera mitad de la tanda y Chalice acaparando la segunda mitad (INCLUYENDO EL GRAN FINAL), pronto te das cuenta de que la taza de rojo a duras penas es el punto central de ¼ de su propia serie.

Fui capaz de perdonar el asunto de Mugman robándose la segunda tanda porque Cuphead tenía tantos episodios como su hermano. Pero aquí en la tercera tanda, tanto el diablo como Chalice tuvieron más episodios que la taza de rojo. Eso no es compartir protagonismo. Eso es transferir protagonismo, y aunque comprendo los motivos (pronto llegaremos a eso), mi comprensión no es sinónimo de perdón.

Y ya ni hablemos de la notoria baja de presupuesto que esta tanda recibió en cuanto a animación. Aunque esto se aprecia con notoriedad en los bailes del Rey Dado, de seguro también notarás el uso de interpolaciones y animaciones recicladas en algunas escenas si tienes un ojo entrenado. Incluso hay tramas de episodios enteros siendo reutilizadas, sólo con un cambio de contexto.

Si tuviera una moneda por cada vez que este bailecito del Rey Dado fue reutilizado en El Show de Cuphead, tendría cuatro monedas. No es mucho, pero es triste que haya pasado cuatro veces, ¿no?

Con el dolor de mi corazón, la calificación que le doy a la tercera tanda de El Show de Cuphead, abarcando los episodios 26–36, es un mediocre 6.5/10. A nivel superficial, no hay un solo episodio que no sea divertido; pero una vez que notas los errores estructurales, la ilusión se cae a pedazos.

CONTINUARÁ… [Haz clic aquí para leer la Parte 3]