Fandom: Looney Tunes.
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Bajo o medio.
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minutos.
[Link a la Parte 2 disponible aquí]
PUESTO 3: Quick Brown Fox y Rapid Rabbit (1969)
Nuestro cuarto puesto ocupado por personajes de la Era Warner-Seven, y también, el más controversial si Pepé Le Pew no hubiera estado aquí arribita. Pocas veces me verán dándole crédito a unas copias tan descaradas como lo son Quick Brown Fox y Rapid Rabbit: un plagio obvio de Wile E. Coyote y el Correcaminos. No obstante, se dice que “la imitación es la forma más pura de la admiración”, así que hoy voy a romper una lanza por estos dos plagios, ya que siento que arreglarlos es demasiado fácil.
| Una de las primeras trampas que Quick Brown arma para atrapar a Rapid. Ya sé que es muy simple para estándares de los Looney Tunes, ¡pero hey, es un comienzo! |
Quick Brown es una copia de Wile E., siendo ambos cánidos inventores armando trampas complejas para atrapar a sus presas. A su vez, Rapid es una copia del Correcaminos, siendo ambos presas súperveloces que, por pura suerte y conveniencia de guion, siempre escapan de las trampas de sus perseguidores, además de que emiten un sonido como de bocina mientras corren.
Podría parecer que un plagio tan descarado no tendría modo de ser arreglado a menos que los rehagamos desde cero, pero nada más alejado de la verdad: es muy fácil arreglar a Quick Brown y Rapid si sabes dónde buscar y por dónde comenzar. Y ahora, yo les diré cómo conseguirlo.
Cualquiera que sea un fan ávido de los Looney Tunes ha escuchado hablar de “las 11 Reglas del Coyote y el Correcaminos”: una serie de lineamientos creados por Chuck Jones para asegurarse de que sus cortometrajes mantuvieran una alta calidad y consistencia narrativa. Si queremos que Quick Brown y Rapid dejen de ser calcos de Wile y el Correcaminos, basta con que rompamos algunas de las reglas en pro de darles su propia identidad.
| Una de las pocas diferencias que existen entre el Correcaminos y Rapid Rabbit es que, mientras el primero no parece ni siquiera notar que lo están cazando, el segundo está consciente de ello y suele contraatacar a su cazador. |
De las 11 reglas que Wile E. y el Correcaminos siguen, yo romperé las siguientes para reescribir a Quick Brown y a Rapid:
– REGLA 4 – “Nada de diálogo, salvo los ‘Beep
Beep’ del Correcaminos y los quejidos de dolor de Wile”: yo les daré diálogos regulares a Quick
Brown y a Rapid.
– REGLA 5 – “El Correcaminos no puede
salir de los caminos, pues por eso se llama ‘Correcaminos’”: yo haré que
Quick Brown y Rapid vivan en un bosque silvestre, por lo que no existirán
caminos que les pongan frontera.
– REGLA 7 – “Todas las herramientas,
armas y aparatos mecánicos deben ser de la marca ACME”: como Quick Brown y
Rapid vivirán en un bosque inconexo de la civilización, haré que Quick Brown
fabrique por mano propia la mayoría de sus herramientas. Habrá algunas cosas
que sí pida por correo, pero no serán de marca ACME.
– REGLA 8 – “El mayor enemigo de Wile son
la fuerza de gravedad y las leyes de la física en general”: aunque a veces sí
haré que Quick Brown falle debido a pura lógica de caricatura, la mayor parte
del tiempo podremos atribuirle sus fracasos a errores de diseño en sus trampas.
| Quick Brown preparando una trampa estilo "Rube Goldberg". Ya saben: esas máquinas en las que cada mecanismo activa al mecanismo que sigue, y ese al que sigue, y así sucesivamente. |
Con estos cuatro distintivos entre la dupla del desierto y la dupla del bosque, esta es mi versión de Quick Brown Fox y Rapid Rabbit:
“Quick Brown Fox es un inventor infravalorado… o al menos, eso es lo que él cree. Su sueño es ser reconocido algún día por su talento, y conseguir trabajo en la famosa empresa ACME. Buscando un lugar tranquilo para desarrollar el potencial que cree tener, Quick Brown se acaba de mudar a una cómoda cueva en el bosque. Aquí conoce a Rapid Rabbit: un joven conejo que aspira a ser el mejor atleta del mundo.
La velocidad natural de Rapid es asombrosa, lo que le da a Quick Brown una idea: si logra crear un invento infalible para atraparlo, de seguro ese invento podrá ser su boleto de entrada al equipo de ingeniería de ACME. Como Rapid es joven e inocente, a Quick Brown no le cuesta trabajo convencerlo de que ‘él es su amigo’, y que sus inventos son ‘pistas de obstáculos’ con los que podrá entrenar para alcanzar su sueño.
Entonces, mientras Quick Brown se desvive en cada cortometraje por crear una trampa infalible contra Rapid, Rapid ve todo como un divertido circuito de entrenamiento propiciado amablemente por su ‘buen amigo y vecino’ Quick Brown. Desde luego, las trampas nunca funcionan, trayéndole humillación y frustración al zorro… eso sin mencionar que, como el conejito lo ve como un amigo, tiene que soportar sus infantiles e incesantes parloteos.”
PUESTO 2: Merlín el Ratón Mágico y Second Bananas (1967)
Nuestro último puesto ocupado por un miembro de la Era Warner-Seven. Antes que nada, quitémonos de encima la obvia aclaración de que “Merlín el Ratón Mágico y Second Bananas fracasaron por su simpleza” porque estoy segura de que ya no necesito detallarlo a estas alturas. Más bien, centrémonos en lo fácil que será reparar a esta dupla, sabiendo que alguien más ya dio el primer paso.
Originalmente, Merlín era un mago de esos que dan shows infantiles, con los típicos trucos que en realidad son meras ilusiones ópticas. El éxito de Merlín en sus presentaciones era inexistente, y si a eso le sumábamos que el fulano es un pequeño ratón, no nos debería extrañar que sus shows se volvían persecuciones de parte de felinos hambrientos o espectadores insatisfechos. Acompañando a Merlín, teníamos a Second Bananas: un ratoncito que fungía de asistente en sus actos de magia, pero cuya imprudencia infantil muchas veces solía meterlos en problemas.
Cabe aclarar que, a pesar de lo que dije antes, Merlín sí tiene magia real: puede darles vida a objetos inanimados, desaparecer o reaparecer a voluntad, sacar cosas de su sombrero que no deberían caber ahí, etcétera. Sin embargo, los cortometrajes nunca explican por qué Merlín no usa su magia real en los espectáculos.
| Uno de los ejemplos más característicos de la magia real de Merlín es su alfombra mágica. Ya sé que es cliché, pero supongo que peor es nada, ¿no creen? |
Considero que el problema con Merlín es que no tiene justificación alguna para su forma de actuar. Es ahí donde entra el “primer paso” que mencioné antes.
Igual que con Cool Cat, Merlín tuvo una pequeña aparición en Tiny Toons Looniversity, donde los creadores aprovecharon para reescribirlo un poquito. En esa versión, Merlín puede ser descrito como un troll: alguien que gusta de asustar o sorprender a la gente para divertirse. Su rutina consiste en fingir que es un fraude con los típicos trucos baratos, y cuando el espectador llega al límite de su paciencia, sorprenderlo con magia real. Second Bananas no aparece en Looniversity, pues como el propio Merlín sólo fue un cameo, no hubo tiempo para meter a su asistente.
| En Tiny Toons Looniversity, nos dicen que Merlín y Bugs crecieron juntos en el campo. Ambos tienen una rutina similar de "casualmente volar las cabezas de sus enemigos", pero mientras Bugs lo hace durante su vida cotidiana, Merlín lo hace como forma de trabajo. |
Me agrada la propuesta de que Merlín guarda su magia para el último minuto como forma de jugar con la audiencia, así que mi reescritura sólo añadirá un poco más de lore e incluirá a Second Bananas en la mezcla. Esta es mi versión de la historia:
“Merlín el Ratón Mágico es un artista inusual: en vez de apelar al público lo más pronto posible, le gusta jugar con su tiempo y con sus espectadores. Fingiendo ser un fraude durante el 90% del show y revelando su verdadero talento sólo hasta el 10% final, Merlín intenta generar tensión dramática sobre su audiencia.
Sin embargo, la mayoría de la gente no tiene la paciencia para sentarse durante veinticinco minutos viendo a un ‘mago de pacotilla’ sacando conejos de peluche de su sombrero o usando serruchos de goma para partir falsamente a alguien por la mitad. Si Merlín inicia una presentación con un teatro lleno de gente expectante, la termina con un teatro vacío y malas reseñas en todos los medios posibles.
En raras ocasiones, una o dos personas se quedan durante el acto entero (para abuchear y burlarse), pero Merlín no pierde la compostura y mantiene su rutina habitual, logrando cerrarle la boca a sus detractores cuando los cinco minutos finales llegan y la verdadera magia comienza.
Acompañando a Merlín, tenemos a Second Bananas: su leal asistente y seguidor #1. Merlín sabe que es normal que la gente lo menosprecie por su insólito estilo de espectáculo, pero Second Bananas sigue siendo un niño, y su reacción ante cualquier menosprecio hacia Merlín tiene mucho menos tacto.
El joven ratón es de mecha corta cuando se trata de lidiar con críticos, por lo que suele meter en problemas a Merlín con frecuencia. Es un alivio que Merlín tenga una personalidad más confiada y refinada para calmar las aguas, sin mencionar su magia real, capaz de defenderlo cuando es imposible terminar las cosas mediante el diálogo civilizado.”
PUESTO 1: Buddy (1933)
A lo largo de este listado, hemos hablado de muchos personajes mediocres: gatitos olvidados por su antigüedad, ratones despreciados por su falta de carisma, zorrillos funados, humanos mal manejados… No podemos negar que lo que hemos visto va desde lo olvidable hasta lo insultante.
Y aun así, creo que ni uno de nuestros nueve puestos anteriores le llega a los talones, en una escala de mediocridad, a nuestro puesto 1. Lo que tenemos ante nosotros es el equivalente a un disparo en el cráneo: es un milagro que no haya sido letal para la franquicia.
Buddy es todo lo contrario a lo que los Looney Tunes representan. Él es amigable, caritativo, armonioso, tierno, y un sinfín de adjetivos más que implican lo opuesto a lo que una franquicia sobre slapstick de caricatura debería tener.
Pero más allá de esa lindura que nos recuerda un montón a Sniffles, lo que vuelve a Buddy un personaje tan letal es lo soso, aburrido, y falto de inspiración que se siente.
| Igual que Beans, Buddy solía aparecer al comienzo y al final de cada cortometraje de su época. Admiren, damas y caballeros, el soso diseño de Buddy: un fulano cualquiera con trajecito. ¡Cuando menos Norman usaba lentes! ¡Buddy no tiene NADA de especial o distintivo! |
Entonces, ¿cómo puedo decir que ‘Buddy tiene un potencial desperdiciado’, si es un personaje tan anti-Looney Tunes? Simple: alguien más ya lo hizo, pero se quedó a medias. Igual que con Cool Cat y Merlín el Ratón Mágico, ya hemos visto a un escritor profesional darle unos ajustes a Buddy en un cameo sorpresa. Lo único que yo debo hacer es expandir la idea de ese cameo para que pueda sostenerse en un rol principal y protagónico.
| Esta captura viene del cortometraje "Buddy the Gee Man": el último cortometraje clásico en que el personaje estuvo presente. La trama se puede resumir a "Buddy se convierte en el rector de una prisión, y procede a convertirla en un paraíso para los reclusos". Crear una trama más sanitizada que esta es una misión imposible, y lo digo en el peor sentido posible. |
Es un cambio de 180°, pero al mismo tiempo, es de lo más simple. Mis respetos para Tom Ruegger, quien es el creador de Animanía, de los Tiny Toons, y de las bases para mi Buddy reescrito. A mí jamás se me habría ocurrido la idea que él tuvo para salvar a este personaje “insalvable”, y por eso quería hacerle una mención.
En el episodio 65 de Animanía, se nos cuentan los orígenes de Yakko, Wakko y Dot dentro del universo de la serie. Para quienes no estén familiarizados con Animanía, un poco de contexto: en ese universo, los personajes de caricatura son seres vivos de carne y hueso, que trabajan como actores profesionales en los cortometrajes en los que aparecen.
Según lo que nos dice el episodio 65, el trío animaníaco fue traído a Warner Bros. porque Buddy era un terrible actor cómico. El fulano era descrito como “una cura infalible para el insomnio”, así que para darle algo de vida a sus cortometrajes, Yakko, Wakko y Dot fueron contratados como sus rivales amistosos. Eventualmente, Buddy fue despedido, el trío animaníaco se volvió protagonista, y fin de la historia… o al menos, eso es lo que todos creían.
Resulta que, tras ser despedido y reemplazado, Buddy comenzó a guardarle un enorme rencor al trío animaníaco, al grado de intentar matarlos durante el festejo de su sexagésimo quinto cumpleaños. Desde luego, el intento de asesinato falla y el episodio termina bajo el mismo estatus quo de siempre, pero como dije antes, las semillas para una reinterpretación total de Buddy habían sido plantadas.
| En el universo ficticio de Animanía, los hermanos Warner (y la hermana Warner) fueron creados para darle algo de caos a los aburridos cortometrajes de Buddy. Por fuera, Buddy fingía llevarse bien con las tres criaturitas, pero por dentro, los odiaba con toda el alma. |
El Buddy que todos conocemos es excesivamente dulce y lindo, y por eso fracasa como personaje de los Looney Tunes. Para remediarlo, lo que Ruegger hizo en su versión para Animanía fue volverlo un doble cara: actúa tierno frente a las cámaras, pero es brutal cuando la ternura no le sirve. Es un cambio simple pero muy efectivo, pues reduce el peso de la ternura de Buddy sin necesidad de quitársela. También me gusta el concepto de que Buddy le guarde rencor a otros Tunes por ser más exitosos que él. Entonces, para mi reescritura de Buddy, el trasfondo que le daremos será el siguiente:
“Buddy es un Tune que ha visto días mejores. Hace varios ayeres se encontraba en la cima del mundo, trayendo alegría mediante sus canciones, bailes y actos amistosos. Pero ahora, el mundo lo ha olvidado en favor de los Tunes más salvajes y groseros. Buddy no entiende qué hay de atractivo en un montón de Tunes atacándose entre ellos; y creyendo que el resto de la sociedad ha perdido la razón y la decencia, ha decidido lanzarse en una cruzada de un solo hombre.
Buddy suele ser afable en su vida cotidiana, y quienes lo conocen lo ven como un sujeto ‘promedio pero bueno’. Pero si se cruza con algún otro Tune en la calle, su personalidad da un vuelco total, volviéndose un típico villano de slapstick. Desde este punto, la historia se estandariza a lo típico de un Looney Tune: Buddy usa dinamita, trampas complicadas, armas de fuego, etcétera, para intentar capturar o eliminar al Tune con quien se cruzó.
Dicho Tune NUNCA nota que Buddy está queriendo eliminarlo. A veces es porque Buddy no sabe colocar bien sus trampas o tiene mala suerte. Otras veces es porque todo el mundo tiene tan asimilada la idea de que ‘Buddy es un buen chico’ que parecen estar ciegos ante la obviedad del chamaco queriendo matarlos.
Lo más irónico es que Buddy se ha obsesionado tanto con la idea de ‘destruir a los nuevos Tunes para volver a los buenos viejos tiempos’ que no se da cuenta de que él mismo está abandonando el estilo de los buenos viejos tiempos. Al ceder ante su deseo de eliminar a la competencia, Buddy se está volviendo tan salvaje y grosero como los Tunes a los que tanto repudia, pero le falta la autoconsciencia para captarlo.
Otra ironía se halla en que, por limitarse a usar armamento slapstick, Buddy está ignorando su naturaleza como un Tune de la vieja escuela, junto a las ventajas que eso conlleva. Cualquier persona que haya visto una caricatura de la misma antigüedad de Buddy sabe que, con tocar o cantar una simple canción, estos personajes pueden controlar las leyes de la física como lo deseen. Si Buddy orquestara una trampa al ritmo de una melodía que domine, no hay duda de que aniquilaría a su blanco.
Al final, Buddy es un Tune bastante capaz, pero que está tan obsesionado con sus planes de ‘restauración moral mundial’ que no nota que con pocos ajustes a su rutina cómica podría regresar a la cima.”
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CONCLUSIÓN
¡Por fin hemos terminado! Al momento de publicar esto, faltan menos de cuatro años para que la franquicia de los Looney Tunes cumpla cien años. ¡Cien años! ¡Un siglo completo! Algunos incluso dirían que faltan menos de tres años, considerando la fecha de creación del piloto. Independientemente de qué año consideres como el verdadero punto de origen de los LT (1929 o 1930), es innegable que esta franquicia ha recorrido un larguísimo camino.
Elaborar mis reescrituras para estos diez personajes fue divertido. Normalmente, me gusta crear personajes con más profundidad, así que tener que limitarme a menos de una cuartilla por cada propuesta fue un bonito reto (aunque por poco fallo con Buddy, ups).
Mi objetivo con esas mini-reescrituras fue mantener el espíritu cómico de los LT clásicos, pero también darles un toque de personalidad extra que es tan demandado en el mundo de la animación actual. La caracterización de El Invasor (de “El Día que la Tierra Explotó: una Película de Looney Tunes”) fue una gran inspiración, así que díganme en los comentarios si logré darles a estos diez personajes ese mismo toque clásico y moderno simultáneo con mis reescrituras.
En esta longeva saga de publicaciones, hemos visto a personajes que no me agradan, personajes que me agradan más que al público general, y personajes que me agradarían si se les hicieran unos cambios. ¿Qué les ha parecido el recorrido entero?
Sin más que añadir por ahora, me despido. ¡Hasta la próxima, amables lectores! ¡Cuídense mucho!
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