domingo, 6 de septiembre de 2026

“El Show de Cuphead”: una hermosa serie animada que corrió, saltó… y se cayó de boca [Parte 3 de 3]

Fandom: Cuphead.
Nivel de conocimiento previo requerido: Bajo o nulo.
Tiempo estimado de lectura: 21 minutos.

[Haz clic aquí para leer la Parte 2]

¿POR QUÉ “EL SHOW DE CUPHEAD” ME PERDIÓ?

Al comienzo de esta serie de publicaciones, referencié el hecho de que el ascenso y la caída de El Show de Cuphead me recuerdan bastante al ascenso y la caída de Sonic Prime. Pues bien: hay un párrafo en mi opinión de la tercera tanda de Sonic Prime que se quedó especialmente atascado en mi mente cuando lo escribí, así que voy a traerlo de vuelta por lo bien que encaja con El Show de Cuphead:

“Si somos objetivos, las señales de que esta tercera tanda de episodios sería mala aparecieron desde la tanda #2. En retrospectiva, supongo que todos fingimos estar ciegos ante esas señales debido a la esperanza colectiva. Pero tras semejante final, muchos abandonamos las gafas que nos hacían ver todo de color rosa, y nos dimos cuenta de que estábamos sobreestimando a Sonic Prime.”

Al hablar de la segunda tanda de El Show de Cuphead, mencioné de manera superficial que hubo UN SOLO EPISODIO MALO. Quiero que nos enfoquemos en ese episodio, para que veamos cómo inició la bola de nieve que aplastó a la tercera tanda.

El episodio en cuestión es el 24, y se titula “Perdidos en el bosque”. La historia trata de Cuphead y Mugman yendo a buscar nueva leña para el invierno, pues la leña que Don Tetera había recolectado fue destruida por Cuphead, en un intento de evadir la labor de cortarla en trozos aptos para la chimenea.

El episodio 24 inicia con Cuphead volando en pedazos la leña que Don Tetera le pidió que cortara, pues tiene pereza de trabajar.

Este es uno de los tantos episodios en la serie cuya problemática brota de la irresponsabilidad, impulsividad e irreverencia de la taza de rojo. También es uno de tantos episodios donde Mugman debe pagar por los platos rotos de Cuphead. Supongo que desde aquí pueden ir adivinando por dónde va mi argumento

El chiste recurrente de Perdidos en el bosque es que Cuphead no deja de jugar con mini-cohetes de dinamita, quemando todo el trabajo que Mugman hace por él. Una vez que la taza de rojo se queda sin madera para mandar a la estratósfera, decide mandar también las hachas que Don Tetera les prestó. Y para cerrar con broche de oro, Cuphead también manda a volar la brújula con la que él y su hermano se estaban guiando.

¿Y qué es lo primero que sale de la boca de Cuphead cuando Mugman le grita que su pequeño juego con cohetes los ha dejado perdidos a ambos en el bosque? “Eh, no estoy muy preocupado”. ESA FRASESITA es la frase característica de Cuphead en este show, y también es la ruina de mi existencia cuando se trata de analizar sus episodios.

La personalidad entera de Cuphead se puede resumir en “Eh, no estoy muy preocupado”, y ese es el problema. Este chamaco es el causante de por lo menos la mitad de las desgracias que vive su familia, porque nada le preocupa a él.

Esta es la cara que Cuphead suele poner cuando suelta su frase en medio de un problema serio. Casi puedo escucharlo en mi cabeza sólo de ver la imagen...

¿Cuphead está jugando en un carnaval propiedad del diablo? “Eh, no estoy muy preocupado”. ¿Cuphead le rompió el asa a Mugman por accidente? “Eh, no estoy muy preocupado”. ¿Cuphead se comió todos los dulces de Mugman? “Eh, no estoy muy preocupado”. Y así podría seguir y seguir, pero supongo que ustedes ya captaron la idea: este chamaco es incapaz de preocuparse por algo a menos que afecte su propia felicidad inmediata o su orgullo.

Este problema con la escritura de Cuphead está presente desde el episodio 1, pero pasa desapercibido porque las problemáticas que la taza libera no son tan graves. Por ejemplo, retomando la listita del párrafo anterior, el diablo no es un villano competente, el asa se puede pegar con pegamento, y los dulces se pueden volver a comprar. Aunque Cuphead es un cretino, cuando menos sus ocurrencias no suelen pasar de “molestias temporales”.

“Perdidos en el bosque” es la primera ocasión en que las locuras de Cuphead tienen consecuencias duras: un invierno sin leña en la Gran Depresión es prácticamente una sentencia de muerte. Y aun así, la taza de rojo no aprende su lección.

Enojado por la falta de precaución de su hermano, Mugman se va por su propio camino y deja solo a Cuphead en el bosque. Gracias a que la taza de azul sí sabe sobrevivir por cuenta propia (el efecto más obvio de tener sentido de responsabilidad), el perderse en el bosque no le afecta porque puede construir una pequeña cabaña y cocinar con frutos silvestres. Mientras tanto, Cuphead casi se muere de hambre y frío porque está acostumbrado a que los demás arreglen sus desastres.

Cuphead suplicándole a Mugman que lo deje entrar a su cabaña, a lo que su hermano de azul le responde que no lo hará hasta que compense el hecho de dejarlos perdidos en el bosque.

En el clímax del episodio, Cuphead le roba a Mugman su cabaña y comida. La taza de azul llega a su límite, e intenta vengarse utilizando los mismos cohetes que iniciaron esta locura para volar en pedazos la cabaña. Sin embargo, Cuphead escapa antes de estallar, por lo que ahora ambos niños se quedan sin nada otra vez.

El episodio termina con Don Tetera encontrando a sus chamacos, revelando que él ya cortó nueva leña porque ellos se estaban tardando mucho en volver, y llevándolos de vuelta a casa. Pero como Cuphead nunca aprende su lección y es vengativo a más no poder, esto es lo primero que hace una vez que regresa a la seguridad de su patio frontal:

Sí, esto es lo primero que Cuphead hace en cuanto vuelve a estar a salvo. Quiero que digieran muy bien esta imagen en sus cabezas. Aprecien con atención lo que implica: Cuphead puede hacer lo que quiera, y los demás tienen que aguantarse.

Ver este episodio me hizo notar que, incluso en la tanda anterior, el tropo siempre era ese: Cuphead hacía alguna pillería, sus seres queridos trataban de remediar los efectos, y si fallaban, un deus-ex-machina aparecía para encargarse. Sin importar que la solución llegara de manos de Mugman, de Don Tetera o de un guionazo, una constante siempre se mantenía: Cuphead no sufría consecuencias ni mejoraba su actitud.

Supongo que eso explica por qué él y Chalice se llevan tan bien, por qué Mugman tiene tan poca tolerancia a la frustración, y por qué los escritores preferían escribir acerca de cualquier otro miembro del cast principal. No sé por qué todo el mundo (incluyendo el condenado diablo) tuvo el derecho de recibir desarrollo de personaje, mientras el protagonista principal sólo tuvo una involución de personaje, pero es lo que hay.

Ahora bien: si alguno de ustedes es un nerd de la animación igual o superior a mí (algo muy fácil de lograr), de seguro esté formando la hipótesis de que “Cuphead no tuvo desarrollo de personaje porque la serie está inspirada en las caricaturas de los 1920s y 1930s”. Ante este argumento, yo les presento dos contraargumentos:

1.- APLICAR ESA REGLA SÓLO AL PROTAGONISTA ES MALA ESCRITURA

Es imposible declarar que El Show de Cuphead pertenece al mismo género que los cortometrajes de Fleischer, los Laugh-O-Grams y las Silly Symphonies de Disney, y los Looney Tunes pre-Porky”. Afirmar esto sería como decir que Mugman, Chalice y el diablo no tuvieron desarrollo de personaje, y por lo tanto, sería negar la realidad.

Para poder decir que El Show de Cuphead sigue la misma línea de sus inspiraciones, la segunda tanda debió haber sido tan episódica como su predecesora. Pero en el momento en que los escritores decidieron que el episodio 13 sería el comienzo de una semi-serialización, ellos mismos cambiaron las reglas.

Por como están las cosas, Cuphead es un personaje de estilo Fleischer 1930… rodeado de personajes de estilo MGM 1950. Eso, lo veas por donde lo veas, es mala escritura. O le quitas el desarrollo al resto del cast, o le das desarrollo a Cuphead. No puedes tener ambas cosas a la vez si quieres mantener un equilibrio narrativo sólido.

Cuphead es como como un típico personaje de hace 100 años: unidimensional y que sufre consecuencias leves por sus actos caricaturescos.
Para quienes tengan curiosidad, esta imagen proviene del cortometraje "Mysterious Mose", de 1930.

Mientras tanto, el resto de los personajes en la serie parecen algo de hace 75 años: bidimensionales y que sufren consecuencias proporcionales a sus actos caricaturescos.
La imagen proviene del cortometraje "The Two Mouseketeers", de 1952.

2.- LAS CARICATURAS DE 1920-1939 NO ERAN PROTAGONIZADAS POR CRETINOS

Aunque el estereotipo dicte que “el protagonista promedio de una caricatura de hace 100 años siempre es un descarado”, aquellos que en serio han estudiado el tema saben que esa es una grotesca simplificación. La cosa no es tan simple como tachar a todos esos personajes de antaño como “irreverentes”, sino en encontrar el modo de justificar su irreverencia.

Algunos protagonistas son justificados porque están aplicando una venganza caricaturesca, otros son justificados porque son mentalmente incapaces de razonar lo que están haciendo, y otros son justificados porque tienen un rol villanesco explícito. El ser una persona malcriada sin motivo es algo desagradable en la actualidad y fue desagradable hace 90 años: eso no ha cambiado y nunca cambiará.

Y si quieren pruebas, por favor vean algún día el cortometraje de 1940 titulado “Elmer’s Candid Camera”, alias ‘el cortometraje que casi mató a Bugs Bunny’. El modo en que Happy Rabbit actúa ahí se parece demasiado al modo en que Cuphead actúa en su serie, así que si Happy Rabbit fue tan repudiado que lo mandaron a rebootearle la personalidad, no veo por qué Cuphead no merecería el mismo juicio.

Elmer's Candid Camera es considerado por muchos como una de las mayores bazofias realizadas por Bugs Bunny (aunque todavía ni siquiera se llamara así). De no ser porque Tex Avery se puso la capa de superhéroe y replanteó al personaje por completo unos meses después, este pudo haber sido su detestable final.

Así es como llegamos, por fin, a aquella escena final del episodio 36 que me he estado guardando. En la publicación anterior hablé acerca del diablo y Chalice robándose el gran final de la serie, y de Cuphead haciendo la salvada definitiva con una apuesta basada en piedra, papel y tijeras. También mencioné que el episodio se aseguró de mostrar con total explicitud que Cuphead siempre sale ganando porque tiene al guion de su lado.

Entonces, sabiendo que la taza roja nunca aprenderá su lección, que sus seres queridos son los que pagan las consecuencias, y que el guion jamás permitirá que su protagonista sufra por sus irresponsables actos, podemos hablar de esa escena final.

Después de su victoria contra el diablo, las dos tazas y el cáliz tienen una casual caminata por los campos verdes de las Islas Tintero. Ha pasado un mes desde aquella decisiva competencia de baile, y para festejar, los tres niños disfrutan de un helado mientras reflexionan acerca de la lección que aprendieron: no hacer tratos con el diablo.

En eso, su caminata los lleva a toparse con un llamativo cartel con luces. Al parecer, el diablo ha abierto un casino, seguramente para reemplazar el carnaval que Cuphead y Mugman destruyeron en el episodio 1. Desde luego, considerando lo que nuestros protagonistas estaban conversando hace diez segundos, la decisión unánime es dar media vuelta y continuar su paseo por otro camino.

Mugman, Chalice y Cuphead viendo el letrero que indica hacia dónde está el casino del diablo.

Excepto que eso no es lo que ocurre, porque en cuanto Cuphead lee el cartel, sale corriendo hacia el casino con una risa medio maniática, entusiasmado por meterse en un nuevo lío cuyas consecuencias de seguro no le preocuparán mucho. Mugman y Chalice van corriendo detrás de la taza de rojo para impedir que cometa una nueva estupidez, y con ese encuadre de los protagonistas corriendo hacia el casino del diablo, el show termina en un final abierto.

La escena final del show: Cuphead yendo al casino del diablo con total euforia,...

Hay muchas cosas mal con este final. Si hubiese visto la escena de manera aislada, sin tener el contexto del resto del show, me habría parecido un final cómico para una serie igualmente cómica. Pero como sí tengo el contexto, no puedo evitar sentir que una mano de caricatura ha salido de la pantalla para darme una bofetada.

Comencemos con lo más obvio: esta es la prueba definitiva de que Cuphead jamás aprenderá su lección.

La escena ocurre en el mismo episodio que confrontó a la taza de rojo con la posibilidad de perder a su única amiga, a lo que él respondió con una apuesta de piedra, papel y tijeras. También ocurre exactamente una tanda después de que la taza de rojo enfrentase el riesgo de perder a su hermano, cosa a la que él respondió siendo tan caótico que el mismísimo diablo pidió buscar una alternativa pacífica.

...mientras Mugman y Chalice se quedan atrás, en espera de que les caiga un nuevo infortunio.

Ahora, después de un mes de existencia pacífica la cual todos expresan que ha sido maravillosa gracias a que no han vuelto a ver al diablo, el primer instinto de Cuphead tras ver un letrero que dice dónde está el diablo es ir hacia él. Como ya me desahogué hace unos párrafos, no verán más quejas intensas de mi parte por este asunto, pero supongo que ustedes tampoco necesitan más explicaciones.

La otra cosa que me irrita de esta escena es la sutil insinuación de que El Show de Cuphead es una precuela al videojuego de Cuphead: No Hagas Tratos con el Diablo.

Primero que nada, ¿qué pasó con todo el lore que estuvimos armando en el show? ¿Qué pasó con la idea de que la caricatura funcionaba con sus propias reglas e historias? Si suponemos que El Show de Cuphead siempre estuvo pensado para ser una precuela al videojuego original, ¿cómo planeaban explicar las diferencias entre ambas versiones de las Islas Tintero?

Un ejemplo de las discrepancias entre la serie y el videojuego: en la serie, el diablo siente una enorme admiración por los talentos del Rey Dado para armar espectáculos.

Pero en el videojuego, el diablo no tiene problemas con demeritar e insultar al Rey Dado. Es imposible conectar ambas narrativas, así que la idea que propone el final de la serie no tiene sentido. 
Es puro señuelo para hacerle creer a la audiencia que las cosas no están tan mal escritas, pero para su desgracia, yo no me he tragado el señuelo.

Pero a ver: supongamos que yo estoy malentendiendo las cosas. Supongamos que El Show de Cuphead no planeaba ser una precuela del videojuego, sino que reescribir el videojuego a su propio modo. En caso de que ese fuera el plan, tengo una pequeñísima pregunta: ¡¿POR QUÉ NO HICIERON ESO DESDE EL COMIENZO, EN VEZ DE DESPERDICIAR 36 EPISODIOS EN PURO SET-UP?!

La última vez que me fijé, Netflix no regala dinero. El Show de Cuphead tenía un presupuesto fijo con el cual trabajar, y si el plan era “ganarse los corazones de los fans con el presupuesto inicial, y luego suplicar por más presupuesto para el verdadero espectáculo”, necesito cuestionar la mentalidad de la gente a cargo del proyecto.

Porque si el objetivo era “ganar tan buena fama que Netflix aceptaría financiar al menos otros 12 episodios”, no estoy segura de que el mejor curso de acción fuese replantear el lore en la primera tanda, introducir semi-serialización y desarrollo de personaje en la segunda tanda, remover la semi-serialización y volver insoportable al protagonista en la tercera tanda, e implicar una re-replanteación de lore en caso de conseguir una cuarta tanda de episodios.

Ustedes han de disculparme si ese último párrafo sonó revuelto, pero ese es justamente el problema de El Show de Cuphead: que sus ideas están demasiado revueltas. A veces tenemos un formato episódico y a veces tenemos un formato semi-serializado. A veces los personajes reciben desarrollo y a veces no lo reciben. A veces se intenta plantear una precuela consistente con el videojuego y a veces se plantea una reinterpretación del videojuego.

Más allá de la comedia, la inalterable personalidad del protagonista, y la estética de la Era Dorada de la Animación Estadounidense, es obvio que El Show de Cuphead no sabe lo que quiere ser. Cada tanda intenta hacer algo distinto sin mantener coherencia entre ellas (más allá de la presencia de sus personajes principales), y eso la hace quedar mal.

Y por eso me alegro de que nunca haya existido una cuarta tanda.

Con el desorden que representaron las tres tandas existentes, simplemente me cuesta imaginar a la hipotética cuarta tanda como un buen producto. Lo lamento, pero mi confianza en los escritores murió cuando la tercera tanda inició del modo en que inició. Si decides gastar 36 episodios para establecer tu mundo, tu género literario y tu tono narrativo, sólo para no establecer nada concreto al final, algo me dice que no estás listo para ir un paso más allá.

CONCLUSIÓN

Utilizando mis calificaciones personales, el promedio final que yo le doy a esta caricatura es un 8/10, y ese para nada es un mal promedio. Supongo que todo depende del lente con que analices la serie.

Si estás buscando simplemente reírte con un show de comedia al estilo de los viejos tiempos, yo digo que El Show de Cuphead encajará a la perfección con tu criterio. La primera tanda tiene uno que otro fallo debido a que los escritores están apenas calentando motores, pero a partir de la segunda tanda, no hay un solo episodio cuya comedia sea floja.

Si estás esperando un homenaje realmente comprometido con lo que fue la Era Dorada de la Animación Estadounidense, disfruta de los episodios 1-12, 14-24, 27-31, 33, y 36. Los episodios que omitirás son los más cargados de lore y continuidad, por lo que podrás conservar esa sensación de “una caricatura de antaño, pero en HD”.

Y por último, si quieres ver una caricatura que combine lo mejor de las filosofías antiguas y modernas para hacer animación… mejor mantén bajas tus expectativas. En mi opinión, la serie se viene cuesta abajo en ese aspecto al iniciar la tercera tanda, por lo que mi recomendación sería ver las tandas 1 y 2 al completo, y luego ver sólo los episodios 26 y 32-36 de la tercera tanda.

En cuanto a mis personajes y episodios favoritos, creo que es fácil catalogarlos de la siguiente forma:

– MUGMAN: el hermano taza superior, y no acepto contraargumentos. Los episodios 4, 10, 15, 18 y 19 son sus mejores actuaciones. Especialmente el episodio 19, el cual tiene mi escena favorita del show entero.
– EL REY DADO: casi no hablé de él porque tiene muy poquitos episodios, pero siempre que aparece, es un deleite de villano. Los episodios en cuestión son el 5, el 20 y el 33.
– EL DIABLO: aunque detesto el blanqueamiento de personalidad que le hicieron en la tercera tanda, no negaré que su carisma está casi a la altura del Rey Dado. La lista de episodios sería 1, 8, 9, 25, 26, 28 y 29.
– OTROS EPISODIOS QUE DISFRUTÉ MUCHO: aunque no se centran en mi trío predilecto, sí tienen una trama y una comedia de mi agrado. Aquí dejo a los episodios 11, 22 y 28.

Esta es mi escena favorita del show entero. Si quieren descubrir el contexto, los invito a que vean el episodio 19 por cuenta propia.

Para cerrar esta serie de publicaciones, quiero reafirmar una última vez que mis quejas acerca de El Show de Cuphead son subjetivas, y no deberían representar un juicio malicioso a quienes opinen distinto a mí. De hecho, sé de buena fe que yo soy la excepción en cuanto a opiniones de esta serie: pregúntale a cualquier otra persona en Internet, y de seguro sólo sabrán decirte cosas positivas al respecto.

Mis quejas acerca de El Show de Cuphead surgen de mi incapacidad de soportar a un show de comedia autodestruyendo su potencial de ir un paso más allá. El hecho de que Cuphead nunca cambie y de que la tercera tanda anule los avances de la segunda son lo que me arruina la experiencia. Pero ese es un problema mío.

La animación es preciosa, el diseño de fondos y de personajes es admirable, y la música es más que disfrutable. Si puedes ignorar los defectos de escritura que yo describí en esta serie de publicaciones, estoy segura de que gozarás El Show de Cuphead al menos cinco veces más de lo que yo lo gocé.

Eso es todo de mi parte. Espero que este viaje al mundo de la nostalgia haya sido de su agrado. ¡Muchas gracias por leer! ¡Hasta la próxima, cuídense y tengan un gran día!